El condado de Plasencia

Plasencia de Jalón fue señorío de los Lanuza, Justicias de Aragón en el siglo XVI, hasta la decapitación de Juan de Lanuza, “el Mozo”, en 1591. Confiscadas sus posesiones por Felipe II, más tarde Felipe III las restituyó a la familia y concedió el título de conde de Plasencia a Pedro de Lanuza Urrea y Perellós. El linaje se extinguió en 1768, por falta de sucesión, y en el siglo XIX pasó al marquesado de Dos Aguas.

Plasencia de Jalón

En el año 1495 Plasencia tenía 68 fuegos, todos de moros. En 1610 había 146, y fueron expulsados 696 habitantes.

El centro de la población lo ocupan la iglesia y el antiguo palacio condal, comunicados directamente mediante un paso elevado. Este último edificio, que se encuentra en mal estado, tiene en la fachada un escudo de los condes de Plasencia. También podemos observar el escudo en el techo de la gran escalera, lo mejor conservado y más valioso del caserón.
En torno a este centro monumental se desarrolla el caserío de forma casi circular, con calles quebradas, pasos cubiertos sobre ellas, callizos y pequeñas plazas en recoveco: un urbanismo típicamente morisco. Hay tres plazas dispuestas en torno a la iglesia, con algunas casas del siglo XVII. A una de esas plazas da la portada.

Iglesia parroquial de San Antonio de Padua____________________________

A finales del siglo XVII se destruyó el antiguo edificio de la iglesia porque estaba en muy mal estado. El nuevo se construyó en ladrillo, colocado a tizón, sobre un pequeño basamento de piedra. Tiene planta de cruz latina, con nave de tres tramos y capillas laterales entre los contrafuertes y cabecera plana. La nave se cubre con bóveda de lunetos, y el crucero con cúpula de ocho lunetos sobre pechinas. Éstas van decoradas con un ángel rodeado de guirnaldas, cornucopias y grandes tallos de hojarasca, y la clave es un gran florón. Las bóvedas se apoyan en un entablamento que recorre todo el muro, acabando en el arco del presbiterio. La decoración tiene color gris.

La fachada se compone de un cuerpo central resaltado de los dos laterales, totalmente lisos. El cuerpo central está flanqueado por dos pilastras a cada lado, sobre las que va un friso de esquinillas y tacos que componen una especie de entablamento. Encima de éste último, un frontón recto con un pequeño óculo. La puerta entre las pilastras es de piedra en arco de medio punto con ligero bocel como adorno. Se remata el arco con una clave en la que va un gran escudo de los condes de Plasencia, con una punta de diamante a cada lado. Sobre esta clave se ve una pequeña hornacina que cobija una imagen Virgen del Pilar en alabastro policromado. En la parte superior de este cuerpo central, una ventana adintelada da luz a la nave. En la parte derecha hay un gran contrafuerte que de alguna manera hace juego con el volumen de la torre, a la vez que sirve de pantalla a los restantes contrafuertes.

La torre está situada en el lado izquierdo de los pies. Constaba de un cuerpo bajo que apenas sobrepasaba el nivel de la nave, pero no hace mucho tiempo se le añadieron dos cuerpos de material revestido de cemento. Uno de ellos es de planta cuadrada, acomodándose al inferior, de ladrillo, y el remate es octogonal, con huecos para las campanas.

El retablo mayor de San Antonio de Padua, de grandes dimensiones, es de madera dorada con dos cuerpos y remate muy alargado. El cuerpo inferior tiene tres calles separadas por columnas salomónicas ricamente decoradas con hojas, conchas y espejos; y en los extremos se colocaron dos estípites. La calle central la ocupa una hornacina con la imagen de San Antonio de Padua en madera policromada. En la calle de la izquierda, San Francisco de Asís y, en la derecha, Santa Clara. El segundo cuerpo tiene la misma estructura que el inferior: dos columnas salomónicas y dos estípites, uno a cada lado, formando una sola calle con hornacina en la que está San Francisco Javier, también en madera dorada y policromada, de la misma época que el resto de las imágenes y la mazonería, es decir, de mediados del siglo XVIII. El remate queda reducido a dos columnillas que enmarcan un lienzo con el Éxtasis de una santa. En el presbiterio se halla colocado un sitial de tres asientos decorados con hojas, del siglo XVIII.

El retablo de la Virgen del Rosario está situado en el lado derecho del crucero. Es de madera sin policromar, de finales del siglo XVII. Consta de un basamento sobre el que va el cuerpo de tres calles con remate semicircular, adaptándose al arco del muro. Las columnas salomónicas y el resto van decoradas con talla de hojas y vides. En la hornacina central está la Virgen del Rosario, obra en madera dorada y policromada de época anterior al retablo. En las calles laterales se disponen cuatro lienzos mal conservados: San Francisco de Asís, Santo Domingo de Guzmán, San Francisco Javier y San José. En el remate hay una pintura que representa a la Inmaculada.

El retablo de Santa Elena, por su parte, está situado en el lado izquierdo del crucero, bajo un arco ciego en el muro. La mazonería es de madera dorada y está formada por tres calles separadas por estípites y columnas salomónicas, sobre un banco decorado con hojas y cabezas de ángeles. Es obra de la primera mitad del siglo XVIII.

La calle central está ocupada por una hornacina con la imagen de Santa Elena en madera dorada y estofada. En las calles laterales, San Antonio de Padua, a la izquierda, y San Isidro labrador, a la derecha. El remate tiene la misma estructura que el cuerpo, con estípites enmarcando un lienzo de la Sagrada Familia.

El de San Miguel es un retablo de principios del siglo XVIII. La mazonería es de madera sin policromar, aunque la talla es de calidad, con decoración de grandes hojas y frutos. El lienzo en el que se representa el santo está deteriorado, aunque parece de buena factura.

Además, el templo alberga una imagen de San Antonio de Padua, de madera tallada y policromada. Se trata de una obra popular, de buena factura, de principios del siglo XVIII. También encontramos una pila bautismal de piedra negra de una sola pieza. En su interior hay una pileta de cerámica con tape. La decoración está sólo en el tape, en azul claro, y consiste en círculos concéntricos. Tiene una inscripción en la que se lee: “Iglesia de María”. Es una pieza de Muel de finales del siglo XIX.

La capilla del Santo Cristo guarda una gran imagen de madera policromada del siglo XVII, de la que sólo se conservaba la parte inferior hasta que se rehizo el resto, hace poco tiempo. Tanto la cruz como el dosel y el marco son recientes.

El castillo de Caulor___________________________________________________

A un kilómetro al sur de Plasencia se sostiene todavía en pie un torreón de sillares en la base y tapial en la parte alta, que tuvo puerta en alto y terraza. Son los restos de una fortaleza situada en tierras de Conglor, conquistadas por Alfonso I a los musulmanes y donadas después a la Orden del Temple, aunque el castillo siguió siendo del rey. Después pasó a la Orden de San Juan de Jerusalén y quedó despoblado con la conversión de los moros.

Alrededores_________________________________________________________

Plasencia fue importante punto estratégico hasta el siglo XIX y tuvo importante feria de ganado. También era famosa la venta de los Navarros en el cruce de dos caminos, el del Jalón, en el que se ubican los restos del castillo de Caulor; y el que, partiendo de Zaragoza, llegaba al Campo de Borja y Navarra.

Hay dos parques eólicos en funcionamiento en el término de Plasencia de Jalón, uno situado en la Dehesa del Coscojar y otro en el de la Serreta, compartiendo término con Rueda de Jalón.

Bardallur

Tanto el castillo como la villa de Bardallur pertenecieron a varios señores desde principios del siglo XIII, como don Martín Jiménez de Agón y don Lope de Luna. En 1409 pasó a doña María de Luna; su marido, el rey Alfonso V, lo vendió en 1431 a Ferrer de Lanuza, cuya familia desempeñó el cargo de Justicia de Aragón hasta el siglo XVI. Tras los sucesos de Antonio Pérez, Felipe II arremetió contra los Lanuza, a quienes arrebató sus posesiones, mandando demoler la casa-palacio de Bardallur.

En 1495 la localidad tenía 35 fuegos, todos de moros. La población fue aumentando a lo largo del siglo XVI con familias moriscas, hasta los 122 vecinos que tenía en 1610. Fueron expulsados 544 habitantes, que salieron por Los Alfaques, y pronto empezaron los condes la repoblación.

En principio se ocuparon las laderas de la montaña, en las que aún permanecen numerosas cuevas excavadas en el terreno yesoso que en contacto con el aire se convierte en roca. Las cuevas de Bardallur responden a la siguiente tipología: se accede a un patio que recibe iluminación por la propia puerta, a un lado queda la cocina con fogón, despensa y ventana al exterior; al otro se abre una habitación, también con ventana, que suele ser el dormitorio principal; al fondo quedan otras habitaciones; y anexa a la vivienda suele estar la cuadra, con pesebres excavados en la roca. El resto de las viviendas estaban al pie de la montaña, en varias calles que coincidían con los barrancos, hoy con nombres como La Escuela, Barrioverde…

En la actualidad el caserío se organiza en torno a una larga calle paralela a la montaña, surgida después de la expulsión de los moriscos. Fue sin duda el antiguo camino de Urrea a Bárboles: la calle Turbena, casi tan larga como el camino a Plasencia. A mitad de esta calle mayor se halla la iglesia parroquial dedicada a la Asunción de la Virgen y, al final de la misma, el viejo molino.

Este último fue levantado con piedra del país y constituye un gran bloque, llamativo y en situación de posible deterioro. Debería ser conservado, por estar construido con piedra del terreno. Por otra parte, en el monte La Dehesilla, aún existe una curiosa cabaña de pastores, de piedra, edificada por el viejo sistema de aproximación de hiladas. Otra de las cabañas se encuentra en la paridera del Bombo, en la pista que atraviesa la Val y conduce al camino viejo de Épila a Zaragoza. También curiosa es la casa de Coscolleta, una extraña y gran obra de mampostería, reforzada por contrafuertes de ladrillo.

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles____________________

La construcción de la iglesia se inició a principios del siglo XVIII, y se sabe que el 19 de febrero de 1723 se contrataba la construcción de los dos tramos de los pies y la torre entre el receptor del Santo Oficio, don José Antonio Abascal, y el maestro de obras Miguel Velasco, vecino de Zaragoza, quien debía terminarla en 18 meses. Entre 1770 y 1771 se acabó y adornó el interior, a expensas de doña María Joaquina Fernández de Heredia, condesa de Plasencia y Contamina, marquesa de Bárboles y Aguarás, según se lee en la inscripción que hay en el presbiterio: “Se dio principio a esta fábrica en el año de 1770 y se concluió en el de 1771, a exps. I debn de la Exª. Sª Dª María Joaquina Fernández de Heredia Condesª viuda de Plasencia, de Contamina y San Clemente Marquesa de Bárboles y Aguaras”.

La inscripción va acompañada del escudo de armas de los condes de Plasencia y de la Condesa de Contamina. A la izquierda, “armas de los Ex SS Cons de Plasencia” (ondas, en azul y negro, palos de oro y gules, tres peras y león rampante). A la derecha de la inscripción, “Armas de la Exc• S• Condª de Contamina” (cadenas, cinco torres, ondas y árbol).

El edificio es de mampostería con encintados de ladrillo, y la fachada se reduce a una portada en arco de medio punto, una hornacina sobre ella y un óculo en la parte superior que termina en un rafe de esquinillas con frontón recto. La torre se halla en el lado derecho a los pies y sobresale sólo el cuerpo superior, que sirve de campanario.

La iglesia es de planta rectangular y tiene una sola nave de cuatro tramos, con cabecera plana y capillas laterales. El coro alto está a los pies, la nave se cubre con bóveda de lunetos y la cabecera con bóveda vaída. Un entablamento de tipo clásico recorre todo el interior, apoyando en pilastras de fuste estriado con capiteles dorados.

El retablo mayor es de madera pintada, formado por un cuerpo dividido en dos partes y remate en forma de medio punto. Las columnas tienen fuste acanalado helicoidalmente y abundante decoración de guirnaldas. En la calle central está la figura de la Virgen de los Ángeles en madera policromada, de mitad del siglo XIX, y en las laterales hay dos lienzos al óleo. En el ático se representa, también al óleo, un busto del Ecce Homo. Fue realizado por el escultor zaragozano José Sanz en 1725 y se doró en 1732. En 1970 lo reformaron los hermanos Albareda.

A ambos lados del presbiterio se hallan colgados dos grandes lienzos que representan a Jesús predicando entre los doctores y la entrega de la cabeza de San Juan Bautista a Salomé. Son dos pinturas de gran interés, con rico marco, de clara influencia de Caravaggio. Se han datado en la segunda mitad del siglo XVII.

El retablo de San Lucas, por su parte, tiene una mazonería muy rica, de madera dorada y policromada. Toda ella está profusamente decorada, con cuidada policromía, con los motivos renacentistas: candelieri, ovas, etc. El titular, patrono de los médicos, ocupa la hornacina central, y en las calles laterales del cuerpo se disponen cuatro esculturas de madera: dos de los santos médicos, San Damián y San Cosme, y, en la parte alta, San Valentín y San Pantaleón. Es un retablo que se ha relacionado con el estilo de Juan de Moreto, de los Morlanes y de Gabriel Joly, pero no se tiene ningún dato sobre la autoría del mismo. En todo caso podría pensarse en un artista formado en alguno de los talleres de los citados, que realizaría esta obra en torno a 1525.

La capilla de Nuestra Señora de los Ángeles conserva un retablo de pintura de óleo sobre tabla, de un pintor aragonés del primer tercio del siglo XVI. No tiene un dibujo muy correcto, sin embargo posee un rico colorido a base de rojos, verdes y amarillos. En el banco se pintaron las siguientes escenas, de izquierda a derecha: Abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada, Nacimiento de la Virgen María, San Jorge salvando a la Princesa y Santa Margarita de Antioquía. En la calle central del retablo aparece la Virgen de los Ángeles. A ambos lados aparecen los ángeles músicos y por encima del trono, en una composición piramidal, están el Padre Eterno y la Paloma del Espíritu Santo entre nubes y cabezas de querubines. Todavía más arriba, en un tondo, aparece San Mateo escribiendo su evangelio.

La calle lateral izquierda se dedica a escenas de San Julián, el parricida. En la parte superior, el ciervo anuncia a San Julián que un día matará a sus padres, mientras que en la inferior el santo da muerte a sus progenitores. Son dos escenas muy realistas. En la calle de la derecha aparecen dos motivos de San Miguel: arriba, el milagro del monte Gárgano (el arquero lanza la flecha y ésta vuelve hacia él mismo); y, abajo, la aparición de San Miguel al obispo para que se construya en el monte una iglesia, así como la procesión de fieles a la misma. El ático lo ocupa un Calvario.

El retablo de San Bartolomé procede de la cercana ermita del mismo nombre. Se trasladó hace varios años y en ese momento se hizo una restauración del mismo. Está pintado al temple de huevo sobre tabla, y se realizó en el último tercio del siglo XV, tal vez por un artista aragonés que, dentro del estilo naturalista, estaría próximo al pintor de Huesca Juan de la Abadía el Viejo, o tal vez Martín de Soria.

Las figuras del banco son, de izquierda a derecha: San Pedro Mártir de Verona, San Jerónimo, Cristo Resucitado, Santa Catalina de Alejandría y Santa María Magdalena. La tabla central representa a San Bartolomé entronizado con sus largos cabellos, el cuchillo del martirio y la cadena con el demonio. Sobre esta figura está el Pantocrátor acompañado por los cuatro evangelistas. También hay otras escenas de la vida y martirio del titular. En la calle izquierda, empezando por arriba, encontramos las siguientes: San Bartolomé exorciza a los dioses paganos ante el rey Palemón; los ídolos hechos pedazos mientras el santo es azotado; el santo es desollado y colgado de los pies.

En la calle derecha, también empezando por arriba: San Bartolomé, desollado, predicando; bautismo del rey Polemón, que se ha convertido; y la decapitación de San Bartolomé. Hay que destacar la riqueza de la decoración arquitectónica con los artesonados, las solerías y el rico colorido, además del realismo en los gestos de los personajes.

Se ha insinuado la posibilidad de que este retablo fuese encargado por don Martín de Lanuza, señor de Turbena en 1485, para decorar la capilla mayor de la iglesia de ese desaparecido lugar. Hay otros dos retablos, dedicados al santo Cristo, uno, y a San José el otro, ambos de estilo barroco.

Ermita de San Bartolomé_____________________________________________

La ermita de San Bartolomé, románica del siglo XIII, es obra de tapial con contrafuertes de mampostería y canecillos de piedra. Se trata de la primitiva iglesia del pueblo de Turbena, que hacia 1500 sólo tenía dos vecinos. En el siglo XVIII se le hizo una reforma para fortalecer los muros, consistente en la construcción de algunos recios contrafuertes. También se edificó un pórtico de seis arcos de medio punto, de ladrillo, que se cegaron con tapial y nuevamente se han abierto. A su lado se ve el montículo en el que estaba el castillo y, en la ladera, el pueblo.

 
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