El escritor y capitán Jerónimo Ximénez
de Urrea, nacido probablemente en Épila a principios
del siglo XVI, era hijo natural de Jimeno II de Urrea,
vizconde de Biota, y de Ana de Armendáriz. Fue
traductor de obras clásicas como el Orlando Furioso
de Ariosto, así como autor de una novela pastoril,
La famosa Épila, hasta ahora inédita por
la sencilla razón de que no se ha conseguido localizar.
El texto estaba ambientado, al parecer, en la Alameda
del Conde, entre Berbedel, Lucena de Jalón y Salillas
de Jalón.
Berbedel
Situado en medio de la vega del Jalón, entre las
poblaciones de Salillas y Lucena, Berbedel es uno de los
conjuntos más interesantes de Valdejalón.
Cerca del núcleo pasa el río y, pegada a
los muros del Palacio, la acequia de la Villa, que riega
gran parte de las huertas. Se trata de un magnífico
lugar, de fresco verdor, vigilado por la mole del Moncayo,
nevada en invierno.
Berbedel está constituido por una serie de casas
más o menos transformadas, antiguos domicilios
de los servidores del señor, el palacio, la iglesia
y el granero del conde. El palacio fue erigido en 1646
por el señor del lugar don Francisco González
de Urrea y mantenido por sus descendientes hasta el siglo
XIX, cuando tanto el conjunto como las tierras pasaron
a pertenecer a los Gerona Almech y, posteriormente, a
los Gerona de la Figuera.
La plaza_____________________________________________________________
El mayor interés se centra en la plaza ligeramente
rectangular, con tres alas edificadas y la cuarta abierta
al camino de entrada. El ala de la izquierda está
ocupada por las viviendas de los campesinos, mientras
que el palacio ocupa el frente y parte del ala derecha,
de manera que tiene forma de L. El resto de la misma ala
queda ocupada por la iglesia.
Las viviendas quedan todas unidas, formando un bloque.
Tienen tres plantas: en la baja se halla la puerta en
arco de ladrillo de medio punto, la principal destaca
por sus grandes vanos, y la última luce una galería
de arquillos adintelados, también de ladrillo.
En las portadas suele aparecer una inscripción
de tipo religioso: “Ave María”.
El cuerpo del frente tiene puerta adintelada, con grandes
balcones en la planta primera y ventanas en la baja y
en la tercera. Toda la fachada es de ladrillo y parece
haber estado revocada. El ala de la derecha parece, en
cambio, menos reformada. Tiene en el centro la puerta
en arco rebajado, con dos ventanas a cada lado; en la
planta noble se abren cuatro balcones, dos a cada lado,
y una ventana en el centro con molduras en la parte alta.
La tercera planta tiene una galería de doce arquillos
de medio punto, doblados, y sobre ellos, el rafe.
Iglesia de Nuestra Señora del Pilar____________________________________
Ocupa el extremo del lado este del conjunto, adelantándose
un poco a la línea que marca el palacio. Se trata
de un edificio de planta rectangular con contrafuertes
en los ángulos, en el que la piedra sillar se utiliza
solamente para las puertas, ventanas y esquinazos. Tiene
una nave de dos tramos con bóveda de cañón
de lunetos, y el único arco apoya en cartelas.
El templo se terminó de construir en el año
1646.
La fachada es muy sencilla y de gran belleza. En los extremos
están los dos contrafuertes angulares; y el muro,
de mampostería, presenta un óculo en la
parte alta, que se cierra con un frontón recto.
La puerta está construida en arco de medio punto,
con piedra sillar bien trabajada y con grandes dovelas
en el arco. Por encima de este último se halla
un frontón recto y partido, en el que se inserta
el escudo de los Urrea entre pilastras, con otro frontón
recto en la parte superior. En torno al blasón
de los Urrea, una inscripción: “JHS. MISERERE
MEI IN QUO EST SALUS ET VITA PER QUEM SALVATI SUMUS. REIS
-O- DOMA VENIAM” (¡Jesús! En quien
está la salvación y la vida, por quien hemos
sido salvados, ten compasión de mí. ¡Señora!
Perdona a los pecadores).
El templo, al interior, presenta una sola nave rectangular,
con dos tramos y cubierta con bóveda de lunetos.
El primer tramo está ocupado por el presbiterio,
mientras que el segundo es el espacio reservado a los
fieles, sobre el que está colocado el coro sobre
dos columnas de madera. En la parte derecha del presbiterio
hay una puerta que da acceso a la sacristía, realizada
en piedra negra, seguramente de Calatorao. En la parte
alta del presbiterio, a la izquierda, hallamos una tribuna
de madera con celosías y un remate heráldico
en el centro, desde la cual los señores seguían,
en tiempos, los oficios religiosos.
La decoración de reduce a una cornisa en gris y
blanco, con lazo y puntas de diamante. Ese mismo tipo
de decoración se repite en el arco de la cabecera
y los marcos de las ventanas, y es especialmente llamativa
la ventana del presbiterio que se enmarca entre pilastras
y termina en frontón curvo partido con un escudete.
La inscripción de la parte alta del muro de los
pies se refiere a la terminación de la obra: “SIENDO
SEÑOR DE BERBEDEL EL SEÑOR DON FRANCISCO
GONZÁLEZ DE URREA SE ACABÓ ESTA IGLESIA
EN FEBRERO 1646”.
El retablo mayor del templo presenta mazonería
de madera dorada y policromada, y consta de cuatro plintos
entre los que se conforman tres espacios ocupados por
bajorrelieves. Las figuras de los plintos encarnan a Santa
Águeda, Santa Bárbara, Santa Apolonia y
Santa Lucía, y en los huecos que quedan entre ellas
están representados el Nacimiento de Jesús,
San Juan Bautista, Cristo con la Forma, San Juan Evangelista
y el Nacimiento de la Virgen.
Cuatro columnas entorchadas sostienen un entablamento,
partido en la calle central del cuerpo. Esta calle tiene
una hornacina, pintada de flores en el fondo, en la que
se halla una bella imagen de la Virgen del Pilar. En la
calle de la izquierda hay una talla de San Francisco Javier
y, encima, un relieve con el martirio de San Andrés.
Por su parte, en la calle de la derecha se conserva la
talla de San Antonio de Padua, con el martirio de San
Sebastián en la parte superior.
En el remate hay tres capillas entre columnas coronadas
por frontones y con pirámides en los extremos.
Allí se encuentran las imágenes de San Nicolás
de Bari, la Anunciación y San Felipe Neri. Se trata
de un retablo del taller de Juan Miguel Orliens, de mitad
del siglo XVII, y puede corresponder con el momento de
la terminación de la iglesia. Otra obra interesante
se localiza sobre la puerta de la sacristía: un
lienzo pintado al óleo en el que se representa
la Sagrada Parentela, del siglo XVII y de buena factura.
Además hay otros retablos importantes, como el
portátil dedicado la Flagelación, con basamento
liso, columnas corintias y decoración de grutesco,
con entablamento con putti y hojarasca. Se remata con
un frontón curvo partido con un blasón en
el centro, donde se representa en relieve la Flagelación.
Es de madera dorada y policromada, también del
taller de Juan Miguel Orliens, y data de los primeros
años del siglo XVII.
En cuanto al retablo de la la Anunciación, la mazonería
es de madera sencilla con los guardapolvos decorados con
candelieri y las armas de los Urrea, e incluye pinturas
de mediados del siglo XVI, de taller aragonés.
En el banco se disponen los bustos de San Esteban, San
Jerónimo, San Francisco de Asís, Santiago
y San Cristóbal; en el centro del cuerpo, la Anunciación
del ángel a la Virgen; y en el remate, la Adoración
de los Magos. En la calle de la izquierda se representa
la Visitación de la Virgen a Santa Isabel, sobre
la cual están colocados San Juan Bautista y San
Sebastián. La de la derecha incluye imágenes
de Santa Bárbara y Santa Isabel y, sobre ellas,
las de San Onofre y San Roque.
El retablo portátil de la Anunciación (no
confundir con el anterior) es una pequeña pieza
que tiene, no obstante, un gran valor artístico.
La mazonería de madera dorada y policromada consta
de dos columnas estriadas que sostienen el entablamento,
con frontón partido y pirámides en los lados.
Tiene cuatro cobres y tres tablas pintadas al óleo:
Los primeros revelan el gusto manierista de sus autores,
y las tablas pertenecen a dos pintores, acaso dentro del
estilo de Rolan de Mois. Es obra del último tercio
del siglo XVI.
En el banco de este retablo hay dos tondos con pinturas
al óleo y, en el medio, una tabla rectangular,
los cuales representan la Epifanía, el Nacimiento
y la Huida a Egipto. En la parte central del cuerpo hay
una bella Anunciación, de 15 por 20 centímetros;
y en la parte superior, a la izquierda, encontramos tres
imágenes: el Rostro de la Virgen, a ésta
con el Niño, y el Rostro de Cristo.
Lucena de Jalón
Una de las vías romanas más importantes
era la que comunicaba las ciudades de Caesaraugusta (Zaragoza)
y Emerita Augusta (Mérida). Uno de los tramos seguía
aproximadamente el curso del Jalón, de tal manera
que el valle de dicho río se convirtió en
paso obligado desde la depresión del Ebro a la
Meseta.
La vía podía seguirse, bien por el curso
del Jalón desde su desembocadura en el Ebro y pasando
por Allobone (Alagón), o bien tomando desde Caesaraugusta
dirección a Épila, por la misma ruta que
sigue el camino viejo entre ambas localidades. La calzada
romana pasaba por el término de Lucena, y así
lo indica el hallazgo de una piedra miliar, hoy en paradero
desconocido, en la cual se hacía referencia a la
reparación de la calzada en tiempos de Domiciano.
En la localidad no quedan restos del castillo que en 1206
se concedía a la Orden de San Juan de Jerusalén.
Ya en 1276 había sido donado el junto a la villa
a Jimeno de Urrea, y se sabe también que hacia
1371 era del arzobispo don Lope Fernández de Luna.
Éste, a su vez, la dio a doña Toda, y ella
a un sobrino suyo llamado Ximénez de Urrea; así
pasó al condado de Aranda. La fortaleza pudo estar
situada en el montículo que actualmente ocupa la
zona deportiva.
Lucena es una pequeña población que en la
actualidad queda partida por la carretera de la ribera.
En la ladera del monte se sitúa la parte más
moderna, incluidas las zonas recreativas; más arriba,
las cuevas y un parque con amplias vistas de la vega del
Jalón; en la propia carretera está el moderno
edificio del Ayuntamiento; y detrás de él,
hacia la vega, la parte más antigua del pueblo.
Éste se estructura en torno a dos calles perpendiculares
a la carretera, que acaban en la huerta, y otras dos que
cruzan a estas últimas. En el centro de la población
se levanta la iglesia de San Antonio de Padua.
Iglesia parroquial de San Antonio de Padua____________________________
El templo se halla rodeado de casas, las cuales incluso
dificultan su vista completa. Sólo la pequeña
torre, reedificada en la segunda mitad del siglo XX, sobresale
por encima de los tejados. La entrada se hace por una
estrecha vía que sale de la calle de la Fuente.
Dedicada a San Antonio de Padua, la iglesia fue levantada
en el siglo XVII. El edificio es de ladrillo, tapialete
y mampostería, y tiene una sola nave con cinco
tramos que se cubre con bóveda de lunetos. A ese
primer momento de construcción corresponden la
cabecera y los cuatro primeros tramos, y en el siglo XVIII
ya se habían abierto en el segundo tramo, junto
a la cabecera, dos capillas a modo de crucero. La sacristía,
situada detrás del altar, se cubre también
con bóveda de lunetos, y la iluminación
se recibe a través de los vanos abiertos en ellos.
En el lado del oeste hay un pequeño pórtico
que sirve en entrada a la iglesia, edificado en el siglo
XIX.
Se conservan tres retablos: el mayor, dedicado a San Antonio
de Padua, el de la Virgen del Rosario y el de San Pedro,
que es el más antiguo y valioso. El de San Antonio
de Padua es de la segunda mitad del siglo XVIII. Está
compuesto de banco, cuerpo de tres calles y remate semicircular.
La mazonería es de madera estofada, con decoración
de hojarasca en las ménsulas del banco y con un
sagrario en la parte central. Las tres calles del cuerpo
central se separan con estípites decorados con
guirnaldas de flores, y la del medio, más hundida,
propicia la forma cóncava del retablo. Las calles
laterales tienen en los extremos dos medias columnas con
decoración de espejos, con cortinajes a los lados.
Por su parte, el remate está formado por un cortinaje
y la gloria, en la que aparece el Dios Padre bendiciendo
con la bola del mundo.
La casa central está ocupada por una imagen de
San Antonio de Padua con el Niño, de mediados del
siglo XVIII, y, a los lados, imágenes de Cristo
y la Virgen. En el remate hay un lienzo ovalado con una
guirnalda de hojas de laurel en el que se representa a
Santa Bárbara adorando la Sagrada Forma, mientras
un ángel lleva la corona y la palma del martirio.
Por último, el frontal tiene pinturas que representan
un libro y azucenas, atributos de San Antonio de Padua.
El retablo de la Virgen del Rosario es de madera estofada
y policromada, de la segunda mitad del siglo XVIII. Consta
de banco, cuerpo de tres calles y remate. En la calle
central hay una hornacina de forma poligonal de tres lados,
con una pilastra a cada lado, con decoración de
hojarasca. Sobre las pilastras, un entablamento, que se
decora con rocalla. En la parte alta encontramos una gran
“M” coronada, con la paloma del Espíritu
Santo en el centro. La imagen de la titular es del siglo
XVIII, aunque ha sufrido algunos repintes. En las calles
laterales están las imágenes de San Isidro
y San José con el Niño, actuales.
Por último, el retablo de San Pedro es obra de
mediados del siglo XVI, con bella mazonería de
madera dorada y pintura sobre tabla. Las imágenes
de los plintos del banco son, de izquierda a derecha,
Santa Lucía, San Sebastián, Santa Bárbara,
San Damián, Santa Apolonia, San Cosme, Santa Águeda
y San Juan Bautista. En las calles, el martirio de San
Juan y San Pablo, el llanto ante Cristo muerto y otra
escena de difícil interpretación.
En el cuerpo, la calle central alberga la imagen de San
Pedro, con una guirnalda y una cabeza de ángel
en relieve, en la parte superior. El apóstol se
representa con un lienzo al óleo, en el que aparece
vestido de papa y lleva las llaves en la mano. En las
calles laterales están San Pablo y su Conversión,
en una, y San Roque y la Decapitación de San Juan
Bautista, en la otra. El remate lo ocupa el Calvario.
Se trata de un retablo de influencia italiana, tanto en
la decoración como en el dibujo, y se ha atribuido
al círculo de Cosida.
Otras obras que merecen ser destacadas son: Una talla
del Cristo, del siglo XVII, con buen detalle de su anatomía;
un lienzo de San Antonio de Padua, de mediados del siglo
XVII, pintura tenebrista bastante bien cuidada; y el lienzo
de la Inmaculada, de la primera mitad del siglo XVIII,
en el que aparece la Virgen ascendente entre nubes, rodeada
de ángeles con lirios, azucenas, espejo y corona,
y, en la parte superior, la serpiente y la manzana.
Salillas de Jalón
A menos de un kilómetro de Lucena, por la carretera
de la ribera en dirección a Calatorao, se encuentra
el desvío a Salillas de Jalón. Hay que pasar
por el puente sobre el río, así como por
el de la acequia de Mareca, cuyo azud está unos
doscientos metros aguas arriba, en un bello paraje natural.
Ha cambiado la vista de Salillas desde esta parte: la
torre del Señorío tenía el aspecto
de un gran caserón con el tejado inclinado, con
ventanas modernas y galería acristalada, ya que
este torreón estuvo habitado hasta los años
ochenta del siglo XX. Actualmente está en restauración
y se rehabilitará para fines culturales, por lo
va a recobrar la imagen original que tuvo en la Edad Media.
Carlos Lalinde Corbera ha estudiado varios documentos
del Archivo Histórico Nacional referentes a Salilla
de Jalón (Turiaso IV, Tarazona, 1983). El primer
documento es una Carta de Población concedida por
Ramón de Larbasa y García de Valencia en
1143 a ocho pobladores de Salillas; según la cual
se les otorgaban sendas heredades con disponibilidad completa
y sin carga alguna. Los campos se destinaban a cereal,
viñas y huertos, y los vecinos adquirían
algunas obligaciones: profesar fidelidad completa al linaje
señorial, con obligación de defender a los
señores y tener las casas pobladas. Se regulaba
además la vigilancia del caserío y del castillo,
a cargo de los vecinos y de los señores, en la
proporción de dos partes los pobladores y una los
señores.
Otro documento, éste del año 1180, trata
de la transferencia del señorío de Salillas
a la Orden de San Juan de Jerusalén por parte de
los señores ya citados. García de Valencia
recibía mil sueldos jaqueses de García de
Lisa, comendador de la encomienda de Zaragoza, en nombre
del maestre de Amposta, por la villa y el castillo (“castrum
et villam”), con las viñas, pastos, aguas,
montes y molinos. Hacia 1220, el convento Sanjuanista
de Salillas era dúplice.
Carecemos de datos hasta el año 1312, cuando Martín
López de Rueda y su mujer Francisca Ximénez
de Castellot otorgaban Carta de Población a diecinueve
familias de moros. Pasó después Salillas
al Monasterio de Veruela y, en 1455, dicho Monasterio
lo vendía a Lope Ximénez de Urrea, señor
de Épila, por 55.000 sueldos. Consecuentemente,
perteneció a continuación al condado de
Aranda.
Hoy, una calle que pasa junto a la Torre del Señorío
se adentra en la población hasta llegar a la plaza
del Ayuntamiento, remozado hace poco tiempo. De la misma
parten dos calles, a derecha e izquierda, con otras que
las cruzan; alguna de ellas acaba en callejones ciegos.
Hay casas de interés en estas calles y la arquitectura
es la propia del valle del Jalón. Algunas muestran
decoración de yeserías con cabezas o bien
con ramos y rosetas.
La Torre del Señorío__________________________________________________
La “Casa de los Moros” es un edificio singular
en la población que, en sus principios, pudo ser
un torreón musulmán para convertirse después
en la torre del Señorío. El torreón
está construido en tapial reforzado con ladrillo
en las esquinas, su planta es rectangular y mide unos
14 por 8 metros. La altura supera los 14 metros, y tuvo
en la última planta buhardas defensivas, ya que
se han conservado las ménsulas sobre las que se
apoyaban. En la actualidad, como se ha dicho, se está
restaurando con el fin de que la torre recupere su aspecto
primitivo y convertirla en un lugar cultural.
Cerca de la población se conservan restos de otro
edificio que posiblemente fuera de construcción
árabe y del que se dice que estaba comunicado con
la torre del Señorío: es la llamada La Torraza,
de la que sólo se conserva la base y una esquina
en altura. En su entorno han aparecido algunos objetos
arqueológicos: monedas, piedras con leyendas, etc.
Iglesia parroquial de San Martín de Tours______________________________
Hubo una iglesia anterior a la actual, de la que se ha
conservado la torre y parte de los muros. Las obras de
la nueva iglesia empezaron en 1671 y no acabaron hasta
1773, con la colocación de la portada en la que
se esculpió la citada fecha. La fábrica
actual es de ladrillo y tapial sobre el basamento de mampostería,
con esquinazos y verdugadas de ladrillo. La nave se cubre
con bóvedas de cañón con lunetos,
y las capillas laterales y el crucero, con cúpula
y linterna de iluminación.
La puerta de ingreso está situada a los pies, bajo
un pórtico. La portada es de arco de medio punto
con frontón partido, con la cruz en el centro;
y en la clave se encuentra el escudo de armas de los décimos
Condes de Aranda: Urrea y Fernández de Híjar,
con la fecha ya citada de 1773.
La torre, de planta cuadrada, pudo haber estado exenta.
Tiene la base lisa, de tapial y con verdugadas de yeso
y refuerzo de ladrillo en los esquinazos, y bien pudiera
esta parte corresponder a una torre pequeña, medieval.
Sobre ella va un cuerpo con decoración mudéjar,
consistente en dos paños de rombos de diferente
anchura, con una imposta de ménsulas como remate.
Esta parte parece ser del siglo XVI.
En el siglo XVII se le añadió el tercer
cuerpo, que tiene dos pisos. El inferior tal vez fue rehecho
en el siglo XVIII y, sobre la torre, tienen su nido las
cigüeñas. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad
en 2001 y Bien Cultural el 8 de julio de 2002.
El retablo mayor está dedicado a San Martín.
La mazonería es de madera dorada y policromada
con dos columnas salomónicas. En la casa central
se halla un gran lienzo de San Martín de Tours
a caballo y, en las casas de los lados, dos lienzos en
los que se representa a San Sebastián y San Nicolás
de Tolentino. El conjunto fue realizado por Miguel Pimpinela
hacia 1715, quien tenía su taller en la plaza del
Carmen de Zaragoza. Hacia 1730 marchó a Logroño,
dejando algunas obras en la ciudad de Alfaro.
El remate tiene un gran lienzo de Santa Quiteria, próximo
al estilo de Vicente Berdusán. El retablo ha sido
restaurado recientemente, y parece que el mazonero fue
el escultor Juan de Villa, que realizaría el trabajo
en 1715. El dorado de la obra data de 1777.
El retablo de los Santos Franciscanos, de la primera mitad
del siglo XVIII, se doró en 1774. La mazonería
es de madera dorada, con dos estípites en los lados
decorados con hojarasca. En el lienzo central están
representados los tres santos franciscanos: el santo de
Asís, estigmatizado y con el crucifijo, y San Francisco
de Padua y San Pedro Alcántara, con los atributos
correspondientes. En el remate hay un lienzo en el que
aparece la Inmaculada: la Virgen sobre la bola del mundo,
coronada y rodeada de ángeles, asciende al cielo.
Por su parte, el retablo de la Santísima Trinidad
se compró en 1702. Tiene una estructura muy simple:
dos columnas entorchadas soportan el frontón partido.
En el centro hay un lienzo entre dos columnas toscanas
de fuste estriado, en el que se representa a la Santísima
Trinidad.
Hay también varios retablos de Juan Francisco Villanueva,
dedicados al Santo Cristo, Sagrados Corazones, San Miguel
y la Virgen del Rosario. Miden 3,40 metros de ancho, se
acomodan a los arcos de medio punto abiertos en los muros
y se realizaron hacia 1740. La mazonería es de
madera dorada con cuatro columnas de fuste liso, decoradas
con guirnaldas de flores entrelazadas. Las hornacinas
están decoradas en el fondo con pinturas, o bien
doradas con esgrafiados. Las esculturas son muy movidas
y no están exentas de calidad. Es el caso de la
Virgen del Rosario o de San Miguel Arcángel.
Los Villanoba o Villanueva fueron una familia de escultores
y constructores de retablos, de Zaragoza, cuya actividad
artística se desarrolla en las últimas décadas
del siglo XVII y en la primera mitad del XVIII. En esa
actividad sobresalieron Pedro Villanoba Modrego, un hermano
de éste llamado Francisco, y Juan Francisco Villabona
Laborda, nieto del primero, autor de los retablos de Salillas.
El de la Virgen del Rosario es un pequeño retablo
de finales del siglo XVI. Se compone de un banco, cuerpo
de tres calles y remate recto. En el banco están
pintados los cuatro Padres de la Iglesia y la Visitación,
la Adoración de los pastores y la Epifanía.
En el cuerpo hay tres hornacinas con imágenes de
la Virgen María, original y en el centro, y las
modernas de la Virgen del Pilar y San Antonio de Padua,
en las laterales. Encima de estas dos hornacinas hay otras
dos tablas pintadas con las escenas de la Anunciación
y Jesús entre los doctores. Fue restaurado en el
año 2001, en el taller Damián Forment de
la Diputación de Zaragoza.
Por otra parte, colocado en el muro oeste del crucero
encontramos el lienzo de San Francisco Javier. Es una
obra en un marco de madera de su color, con decoración
de hojarasca y de buena ejecución. El lienzo representa
al santo en pie ante un fondo de paisaje y contemplando
el crucifijo. A sus pies están los atributos más
frecuentes: azucenas y campanillas. Está bien realizado
en el colorido y es de la primera mitad del siglo XVIII.
En el lienzo de San Pedro Arbués, el santo está
arrodillado y vestido de canónigo, mirando hacia
el ángel de la Gloria, mientras dos personas le
atacan por la espalda. Es una pintura de calidad y bien
conservada, de la primera mitad del siglo XVIII. Tiene
un marco de la época con decoración de conchas
y, bajo el lienzo, hay una hornacina con una imagen de
la Dolorosa, del año 1791.
El Niño Jesús de Praga, de madera policromada,
representa al Niño con los brazos extendidos hacia
delante. La obra está repintada, y la peana, con
decoración de gallones, es también del siglo
XVIII. La pila bautismal fue realizada en 1787, es de
granito y en su interior hay una pila de cerámica.
Respecto al órgano, es obra de Tomás Sánchez,
quien lo realizó en Zaragoza en 1781. Se trasladó
a Salillas al año siguiente para montarlo y fue
entonces cuando se creó el cargo de organista en
la población.
En las prospecciones previas a las obras de construcción
de la línea TAV Madrid-Zaragoza en las cercanías
de Salillas de Jalón, apareció una necrópolis
hispanovisigoda de gran extensión localizada en
Las Lomas del Molino. Se excavó un área
de 60 por 40 metros y aparecieron 219 tumbas, muchas de
ellas con varios cadáveres. En algunos casos los
fallecidos eran niños, y se encontraron clavos
y madera en los ataúdes. Como ajuar, se habían
introducido jarritas de cerámica, hebillas de cinturón,
anillos, etc.
Las cuevas__________________________________________________________
Situadas en el barrio de la Estación, son viviendas
excavadas en una elevación del terreno sobre la
vega. Concepción Sevilla distingue entre las que
están excavadas en un plano inclinado o las horadadas
en plano horizontal. Se excava un pozo verticalmente hasta
un nivel y luego se hace el vaciado horizontal de las
habitaciones, de manera que ese pozo o patio permite iluminar
las cámaras. Este tipo, según Elisa Sánchez,
recuerda a los silos-vivienda de Villacañas, en
Toledo. Las cuevas de Salillas tienen luz eléctrica
desde el año 1985 y algunas de ellas han sido reformadas
hacia el exterior para ampliar el número de estancias.
Lo más característico son las chimeneas,
a veces pintadas de colores, que aportan una imagen llamativa
al paisaje.
El molino del Conde___________________________________________________
El día 13 de mayo del año 1803, el duque
de Híjar y conde de Aranda concedía al Ayuntamiento
de Salillas la gracia de construir un molino “arinero”,
con el fin de que no tuvieran la obligación de
ir al que el señor tenía en la villa de
Épila. El Ayuntamiento corría con los gastos
de la construcción, aunque el conde se comprometía
a reintegrar todo el valor de los productos del molino,
es decir, con la maquila.
El edificio está compuesto por el molino propiamente
dicho y una casa. El agua se desvía desde la acequia
de Salillas a la parte baja del molino, en pendiente,
y sale nuevamente por dos arcos rebajados. Aunque no está
en uso, conserva toda la maquinaria.
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