La alameda del conde

El escritor y capitán Jerónimo Ximénez de Urrea, nacido probablemente en Épila a principios del siglo XVI, era hijo natural de Jimeno II de Urrea, vizconde de Biota, y de Ana de Armendáriz. Fue traductor de obras clásicas como el Orlando Furioso de Ariosto, así como autor de una novela pastoril, La famosa Épila, hasta ahora inédita por la sencilla razón de que no se ha conseguido localizar. El texto estaba ambientado, al parecer, en la Alameda del Conde, entre Berbedel, Lucena de Jalón y Salillas de Jalón.

Berbedel

Situado en medio de la vega del Jalón, entre las poblaciones de Salillas y Lucena, Berbedel es uno de los conjuntos más interesantes de Valdejalón. Cerca del núcleo pasa el río y, pegada a los muros del Palacio, la acequia de la Villa, que riega gran parte de las huertas. Se trata de un magnífico lugar, de fresco verdor, vigilado por la mole del Moncayo, nevada en invierno.

Berbedel está constituido por una serie de casas más o menos transformadas, antiguos domicilios de los servidores del señor, el palacio, la iglesia y el granero del conde. El palacio fue erigido en 1646 por el señor del lugar don Francisco González de Urrea y mantenido por sus descendientes hasta el siglo XIX, cuando tanto el conjunto como las tierras pasaron a pertenecer a los Gerona Almech y, posteriormente, a los Gerona de la Figuera.

La plaza_____________________________________________________________

El mayor interés se centra en la plaza ligeramente rectangular, con tres alas edificadas y la cuarta abierta al camino de entrada. El ala de la izquierda está ocupada por las viviendas de los campesinos, mientras que el palacio ocupa el frente y parte del ala derecha, de manera que tiene forma de L. El resto de la misma ala queda ocupada por la iglesia.
Las viviendas quedan todas unidas, formando un bloque. Tienen tres plantas: en la baja se halla la puerta en arco de ladrillo de medio punto, la principal destaca por sus grandes vanos, y la última luce una galería de arquillos adintelados, también de ladrillo. En las portadas suele aparecer una inscripción de tipo religioso: “Ave María”.

El cuerpo del frente tiene puerta adintelada, con grandes balcones en la planta primera y ventanas en la baja y en la tercera. Toda la fachada es de ladrillo y parece haber estado revocada. El ala de la derecha parece, en cambio, menos reformada. Tiene en el centro la puerta en arco rebajado, con dos ventanas a cada lado; en la planta noble se abren cuatro balcones, dos a cada lado, y una ventana en el centro con molduras en la parte alta. La tercera planta tiene una galería de doce arquillos de medio punto, doblados, y sobre ellos, el rafe.

Iglesia de Nuestra Señora del Pilar____________________________________

Ocupa el extremo del lado este del conjunto, adelantándose un poco a la línea que marca el palacio. Se trata de un edificio de planta rectangular con contrafuertes en los ángulos, en el que la piedra sillar se utiliza solamente para las puertas, ventanas y esquinazos. Tiene una nave de dos tramos con bóveda de cañón de lunetos, y el único arco apoya en cartelas. El templo se terminó de construir en el año 1646.

La fachada es muy sencilla y de gran belleza. En los extremos están los dos contrafuertes angulares; y el muro, de mampostería, presenta un óculo en la parte alta, que se cierra con un frontón recto. La puerta está construida en arco de medio punto, con piedra sillar bien trabajada y con grandes dovelas en el arco. Por encima de este último se halla un frontón recto y partido, en el que se inserta el escudo de los Urrea entre pilastras, con otro frontón recto en la parte superior. En torno al blasón de los Urrea, una inscripción: “JHS. MISERERE MEI IN QUO EST SALUS ET VITA PER QUEM SALVATI SUMUS. REIS -O- DOMA VENIAM” (¡Jesús! En quien está la salvación y la vida, por quien hemos sido salvados, ten compasión de mí. ¡Señora! Perdona a los pecadores).

El templo, al interior, presenta una sola nave rectangular, con dos tramos y cubierta con bóveda de lunetos. El primer tramo está ocupado por el presbiterio, mientras que el segundo es el espacio reservado a los fieles, sobre el que está colocado el coro sobre dos columnas de madera. En la parte derecha del presbiterio hay una puerta que da acceso a la sacristía, realizada en piedra negra, seguramente de Calatorao. En la parte alta del presbiterio, a la izquierda, hallamos una tribuna de madera con celosías y un remate heráldico en el centro, desde la cual los señores seguían, en tiempos, los oficios religiosos.

La decoración de reduce a una cornisa en gris y blanco, con lazo y puntas de diamante. Ese mismo tipo de decoración se repite en el arco de la cabecera y los marcos de las ventanas, y es especialmente llamativa la ventana del presbiterio que se enmarca entre pilastras y termina en frontón curvo partido con un escudete. La inscripción de la parte alta del muro de los pies se refiere a la terminación de la obra: “SIENDO SEÑOR DE BERBEDEL EL SEÑOR DON FRANCISCO GONZÁLEZ DE URREA SE ACABÓ ESTA IGLESIA EN FEBRERO 1646”.

El retablo mayor del templo presenta mazonería de madera dorada y policromada, y consta de cuatro plintos entre los que se conforman tres espacios ocupados por bajorrelieves. Las figuras de los plintos encarnan a Santa Águeda, Santa Bárbara, Santa Apolonia y Santa Lucía, y en los huecos que quedan entre ellas están representados el Nacimiento de Jesús, San Juan Bautista, Cristo con la Forma, San Juan Evangelista y el Nacimiento de la Virgen.

Cuatro columnas entorchadas sostienen un entablamento, partido en la calle central del cuerpo. Esta calle tiene una hornacina, pintada de flores en el fondo, en la que se halla una bella imagen de la Virgen del Pilar. En la calle de la izquierda hay una talla de San Francisco Javier y, encima, un relieve con el martirio de San Andrés. Por su parte, en la calle de la derecha se conserva la talla de San Antonio de Padua, con el martirio de San Sebastián en la parte superior.

En el remate hay tres capillas entre columnas coronadas por frontones y con pirámides en los extremos. Allí se encuentran las imágenes de San Nicolás de Bari, la Anunciación y San Felipe Neri. Se trata de un retablo del taller de Juan Miguel Orliens, de mitad del siglo XVII, y puede corresponder con el momento de la terminación de la iglesia. Otra obra interesante se localiza sobre la puerta de la sacristía: un lienzo pintado al óleo en el que se representa la Sagrada Parentela, del siglo XVII y de buena factura.

Además hay otros retablos importantes, como el portátil dedicado la Flagelación, con basamento liso, columnas corintias y decoración de grutesco, con entablamento con putti y hojarasca. Se remata con un frontón curvo partido con un blasón en el centro, donde se representa en relieve la Flagelación. Es de madera dorada y policromada, también del taller de Juan Miguel Orliens, y data de los primeros años del siglo XVII.

En cuanto al retablo de la la Anunciación, la mazonería es de madera sencilla con los guardapolvos decorados con candelieri y las armas de los Urrea, e incluye pinturas de mediados del siglo XVI, de taller aragonés. En el banco se disponen los bustos de San Esteban, San Jerónimo, San Francisco de Asís, Santiago y San Cristóbal; en el centro del cuerpo, la Anunciación del ángel a la Virgen; y en el remate, la Adoración de los Magos. En la calle de la izquierda se representa la Visitación de la Virgen a Santa Isabel, sobre la cual están colocados San Juan Bautista y San Sebastián. La de la derecha incluye imágenes de Santa Bárbara y Santa Isabel y, sobre ellas, las de San Onofre y San Roque.

El retablo portátil de la Anunciación (no confundir con el anterior) es una pequeña pieza que tiene, no obstante, un gran valor artístico. La mazonería de madera dorada y policromada consta de dos columnas estriadas que sostienen el entablamento, con frontón partido y pirámides en los lados. Tiene cuatro cobres y tres tablas pintadas al óleo: Los primeros revelan el gusto manierista de sus autores, y las tablas pertenecen a dos pintores, acaso dentro del estilo de Rolan de Mois. Es obra del último tercio del siglo XVI.

En el banco de este retablo hay dos tondos con pinturas al óleo y, en el medio, una tabla rectangular, los cuales representan la Epifanía, el Nacimiento y la Huida a Egipto. En la parte central del cuerpo hay una bella Anunciación, de 15 por 20 centímetros; y en la parte superior, a la izquierda, encontramos tres imágenes: el Rostro de la Virgen, a ésta con el Niño, y el Rostro de Cristo.

Lucena de Jalón

Una de las vías romanas más importantes era la que comunicaba las ciudades de Caesaraugusta (Zaragoza) y Emerita Augusta (Mérida). Uno de los tramos seguía aproximadamente el curso del Jalón, de tal manera que el valle de dicho río se convirtió en paso obligado desde la depresión del Ebro a la Meseta.

La vía podía seguirse, bien por el curso del Jalón desde su desembocadura en el Ebro y pasando por Allobone (Alagón), o bien tomando desde Caesaraugusta dirección a Épila, por la misma ruta que sigue el camino viejo entre ambas localidades. La calzada romana pasaba por el término de Lucena, y así lo indica el hallazgo de una piedra miliar, hoy en paradero desconocido, en la cual se hacía referencia a la reparación de la calzada en tiempos de Domiciano.

En la localidad no quedan restos del castillo que en 1206 se concedía a la Orden de San Juan de Jerusalén. Ya en 1276 había sido donado el junto a la villa a Jimeno de Urrea, y se sabe también que hacia 1371 era del arzobispo don Lope Fernández de Luna. Éste, a su vez, la dio a doña Toda, y ella a un sobrino suyo llamado Ximénez de Urrea; así pasó al condado de Aranda. La fortaleza pudo estar situada en el montículo que actualmente ocupa la zona deportiva.

Lucena es una pequeña población que en la actualidad queda partida por la carretera de la ribera. En la ladera del monte se sitúa la parte más moderna, incluidas las zonas recreativas; más arriba, las cuevas y un parque con amplias vistas de la vega del Jalón; en la propia carretera está el moderno edificio del Ayuntamiento; y detrás de él, hacia la vega, la parte más antigua del pueblo. Éste se estructura en torno a dos calles perpendiculares a la carretera, que acaban en la huerta, y otras dos que cruzan a estas últimas. En el centro de la población se levanta la iglesia de San Antonio de Padua.

Iglesia parroquial de San Antonio de Padua____________________________

El templo se halla rodeado de casas, las cuales incluso dificultan su vista completa. Sólo la pequeña torre, reedificada en la segunda mitad del siglo XX, sobresale por encima de los tejados. La entrada se hace por una estrecha vía que sale de la calle de la Fuente.

Dedicada a San Antonio de Padua, la iglesia fue levantada en el siglo XVII. El edificio es de ladrillo, tapialete y mampostería, y tiene una sola nave con cinco tramos que se cubre con bóveda de lunetos. A ese primer momento de construcción corresponden la cabecera y los cuatro primeros tramos, y en el siglo XVIII ya se habían abierto en el segundo tramo, junto a la cabecera, dos capillas a modo de crucero. La sacristía, situada detrás del altar, se cubre también con bóveda de lunetos, y la iluminación se recibe a través de los vanos abiertos en ellos. En el lado del oeste hay un pequeño pórtico que sirve en entrada a la iglesia, edificado en el siglo XIX.

Se conservan tres retablos: el mayor, dedicado a San Antonio de Padua, el de la Virgen del Rosario y el de San Pedro, que es el más antiguo y valioso. El de San Antonio de Padua es de la segunda mitad del siglo XVIII. Está compuesto de banco, cuerpo de tres calles y remate semicircular. La mazonería es de madera estofada, con decoración de hojarasca en las ménsulas del banco y con un sagrario en la parte central. Las tres calles del cuerpo central se separan con estípites decorados con guirnaldas de flores, y la del medio, más hundida, propicia la forma cóncava del retablo. Las calles laterales tienen en los extremos dos medias columnas con decoración de espejos, con cortinajes a los lados. Por su parte, el remate está formado por un cortinaje y la gloria, en la que aparece el Dios Padre bendiciendo con la bola del mundo.

La casa central está ocupada por una imagen de San Antonio de Padua con el Niño, de mediados del siglo XVIII, y, a los lados, imágenes de Cristo y la Virgen. En el remate hay un lienzo ovalado con una guirnalda de hojas de laurel en el que se representa a Santa Bárbara adorando la Sagrada Forma, mientras un ángel lleva la corona y la palma del martirio. Por último, el frontal tiene pinturas que representan un libro y azucenas, atributos de San Antonio de Padua.

El retablo de la Virgen del Rosario es de madera estofada y policromada, de la segunda mitad del siglo XVIII. Consta de banco, cuerpo de tres calles y remate. En la calle central hay una hornacina de forma poligonal de tres lados, con una pilastra a cada lado, con decoración de hojarasca. Sobre las pilastras, un entablamento, que se decora con rocalla. En la parte alta encontramos una gran “M” coronada, con la paloma del Espíritu Santo en el centro. La imagen de la titular es del siglo XVIII, aunque ha sufrido algunos repintes. En las calles laterales están las imágenes de San Isidro y San José con el Niño, actuales.

Por último, el retablo de San Pedro es obra de mediados del siglo XVI, con bella mazonería de madera dorada y pintura sobre tabla. Las imágenes de los plintos del banco son, de izquierda a derecha, Santa Lucía, San Sebastián, Santa Bárbara, San Damián, Santa Apolonia, San Cosme, Santa Águeda y San Juan Bautista. En las calles, el martirio de San Juan y San Pablo, el llanto ante Cristo muerto y otra escena de difícil interpretación.

En el cuerpo, la calle central alberga la imagen de San Pedro, con una guirnalda y una cabeza de ángel en relieve, en la parte superior. El apóstol se representa con un lienzo al óleo, en el que aparece vestido de papa y lleva las llaves en la mano. En las calles laterales están San Pablo y su Conversión, en una, y San Roque y la Decapitación de San Juan Bautista, en la otra. El remate lo ocupa el Calvario. Se trata de un retablo de influencia italiana, tanto en la decoración como en el dibujo, y se ha atribuido al círculo de Cosida.

Otras obras que merecen ser destacadas son: Una talla del Cristo, del siglo XVII, con buen detalle de su anatomía; un lienzo de San Antonio de Padua, de mediados del siglo XVII, pintura tenebrista bastante bien cuidada; y el lienzo de la Inmaculada, de la primera mitad del siglo XVIII, en el que aparece la Virgen ascendente entre nubes, rodeada de ángeles con lirios, azucenas, espejo y corona, y, en la parte superior, la serpiente y la manzana.

Salillas de Jalón

A menos de un kilómetro de Lucena, por la carretera de la ribera en dirección a Calatorao, se encuentra el desvío a Salillas de Jalón. Hay que pasar por el puente sobre el río, así como por el de la acequia de Mareca, cuyo azud está unos doscientos metros aguas arriba, en un bello paraje natural.

Ha cambiado la vista de Salillas desde esta parte: la torre del Señorío tenía el aspecto de un gran caserón con el tejado inclinado, con ventanas modernas y galería acristalada, ya que este torreón estuvo habitado hasta los años ochenta del siglo XX. Actualmente está en restauración y se rehabilitará para fines culturales, por lo va a recobrar la imagen original que tuvo en la Edad Media.

Carlos Lalinde Corbera ha estudiado varios documentos del Archivo Histórico Nacional referentes a Salilla de Jalón (Turiaso IV, Tarazona, 1983). El primer documento es una Carta de Población concedida por Ramón de Larbasa y García de Valencia en 1143 a ocho pobladores de Salillas; según la cual se les otorgaban sendas heredades con disponibilidad completa y sin carga alguna. Los campos se destinaban a cereal, viñas y huertos, y los vecinos adquirían algunas obligaciones: profesar fidelidad completa al linaje señorial, con obligación de defender a los señores y tener las casas pobladas. Se regulaba además la vigilancia del caserío y del castillo, a cargo de los vecinos y de los señores, en la proporción de dos partes los pobladores y una los señores.

Otro documento, éste del año 1180, trata de la transferencia del señorío de Salillas a la Orden de San Juan de Jerusalén por parte de los señores ya citados. García de Valencia recibía mil sueldos jaqueses de García de Lisa, comendador de la encomienda de Zaragoza, en nombre del maestre de Amposta, por la villa y el castillo (“castrum et villam”), con las viñas, pastos, aguas, montes y molinos. Hacia 1220, el convento Sanjuanista de Salillas era dúplice.

Carecemos de datos hasta el año 1312, cuando Martín López de Rueda y su mujer Francisca Ximénez de Castellot otorgaban Carta de Población a diecinueve familias de moros. Pasó después Salillas al Monasterio de Veruela y, en 1455, dicho Monasterio lo vendía a Lope Ximénez de Urrea, señor de Épila, por 55.000 sueldos. Consecuentemente, perteneció a continuación al condado de Aranda.

Hoy, una calle que pasa junto a la Torre del Señorío se adentra en la población hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento, remozado hace poco tiempo. De la misma parten dos calles, a derecha e izquierda, con otras que las cruzan; alguna de ellas acaba en callejones ciegos. Hay casas de interés en estas calles y la arquitectura es la propia del valle del Jalón. Algunas muestran decoración de yeserías con cabezas o bien con ramos y rosetas.

La Torre del Señorío__________________________________________________

La “Casa de los Moros” es un edificio singular en la población que, en sus principios, pudo ser un torreón musulmán para convertirse después en la torre del Señorío. El torreón está construido en tapial reforzado con ladrillo en las esquinas, su planta es rectangular y mide unos 14 por 8 metros. La altura supera los 14 metros, y tuvo en la última planta buhardas defensivas, ya que se han conservado las ménsulas sobre las que se apoyaban. En la actualidad, como se ha dicho, se está restaurando con el fin de que la torre recupere su aspecto primitivo y convertirla en un lugar cultural.

Cerca de la población se conservan restos de otro edificio que posiblemente fuera de construcción árabe y del que se dice que estaba comunicado con la torre del Señorío: es la llamada La Torraza, de la que sólo se conserva la base y una esquina en altura. En su entorno han aparecido algunos objetos arqueológicos: monedas, piedras con leyendas, etc.

Iglesia parroquial de San Martín de Tours
______________________________

Hubo una iglesia anterior a la actual, de la que se ha conservado la torre y parte de los muros. Las obras de la nueva iglesia empezaron en 1671 y no acabaron hasta 1773, con la colocación de la portada en la que se esculpió la citada fecha. La fábrica actual es de ladrillo y tapial sobre el basamento de mampostería, con esquinazos y verdugadas de ladrillo. La nave se cubre con bóvedas de cañón con lunetos, y las capillas laterales y el crucero, con cúpula y linterna de iluminación.

La puerta de ingreso está situada a los pies, bajo un pórtico. La portada es de arco de medio punto con frontón partido, con la cruz en el centro; y en la clave se encuentra el escudo de armas de los décimos Condes de Aranda: Urrea y Fernández de Híjar, con la fecha ya citada de 1773.

La torre, de planta cuadrada, pudo haber estado exenta. Tiene la base lisa, de tapial y con verdugadas de yeso y refuerzo de ladrillo en los esquinazos, y bien pudiera esta parte corresponder a una torre pequeña, medieval. Sobre ella va un cuerpo con decoración mudéjar, consistente en dos paños de rombos de diferente anchura, con una imposta de ménsulas como remate. Esta parte parece ser del siglo XVI.

En el siglo XVII se le añadió el tercer cuerpo, que tiene dos pisos. El inferior tal vez fue rehecho en el siglo XVIII y, sobre la torre, tienen su nido las cigüeñas. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 2001 y Bien Cultural el 8 de julio de 2002.

El retablo mayor está dedicado a San Martín. La mazonería es de madera dorada y policromada con dos columnas salomónicas. En la casa central se halla un gran lienzo de San Martín de Tours a caballo y, en las casas de los lados, dos lienzos en los que se representa a San Sebastián y San Nicolás de Tolentino. El conjunto fue realizado por Miguel Pimpinela hacia 1715, quien tenía su taller en la plaza del Carmen de Zaragoza. Hacia 1730 marchó a Logroño, dejando algunas obras en la ciudad de Alfaro.

El remate tiene un gran lienzo de Santa Quiteria, próximo al estilo de Vicente Berdusán. El retablo ha sido restaurado recientemente, y parece que el mazonero fue el escultor Juan de Villa, que realizaría el trabajo en 1715. El dorado de la obra data de 1777.

El retablo de los Santos Franciscanos, de la primera mitad del siglo XVIII, se doró en 1774. La mazonería es de madera dorada, con dos estípites en los lados decorados con hojarasca. En el lienzo central están representados los tres santos franciscanos: el santo de Asís, estigmatizado y con el crucifijo, y San Francisco de Padua y San Pedro Alcántara, con los atributos correspondientes. En el remate hay un lienzo en el que aparece la Inmaculada: la Virgen sobre la bola del mundo, coronada y rodeada de ángeles, asciende al cielo.

Por su parte, el retablo de la Santísima Trinidad se compró en 1702. Tiene una estructura muy simple: dos columnas entorchadas soportan el frontón partido. En el centro hay un lienzo entre dos columnas toscanas de fuste estriado, en el que se representa a la Santísima Trinidad.

Hay también varios retablos de Juan Francisco Villanueva, dedicados al Santo Cristo, Sagrados Corazones, San Miguel y la Virgen del Rosario. Miden 3,40 metros de ancho, se acomodan a los arcos de medio punto abiertos en los muros y se realizaron hacia 1740. La mazonería es de madera dorada con cuatro columnas de fuste liso, decoradas con guirnaldas de flores entrelazadas. Las hornacinas están decoradas en el fondo con pinturas, o bien doradas con esgrafiados. Las esculturas son muy movidas y no están exentas de calidad. Es el caso de la Virgen del Rosario o de San Miguel Arcángel.

Los Villanoba o Villanueva fueron una familia de escultores y constructores de retablos, de Zaragoza, cuya actividad artística se desarrolla en las últimas décadas del siglo XVII y en la primera mitad del XVIII. En esa actividad sobresalieron Pedro Villanoba Modrego, un hermano de éste llamado Francisco, y Juan Francisco Villabona Laborda, nieto del primero, autor de los retablos de Salillas.

El de la Virgen del Rosario es un pequeño retablo de finales del siglo XVI. Se compone de un banco, cuerpo de tres calles y remate recto. En el banco están pintados los cuatro Padres de la Iglesia y la Visitación, la Adoración de los pastores y la Epifanía. En el cuerpo hay tres hornacinas con imágenes de la Virgen María, original y en el centro, y las modernas de la Virgen del Pilar y San Antonio de Padua, en las laterales. Encima de estas dos hornacinas hay otras dos tablas pintadas con las escenas de la Anunciación y Jesús entre los doctores. Fue restaurado en el año 2001, en el taller Damián Forment de la Diputación de Zaragoza.

Por otra parte, colocado en el muro oeste del crucero encontramos el lienzo de San Francisco Javier. Es una obra en un marco de madera de su color, con decoración de hojarasca y de buena ejecución. El lienzo representa al santo en pie ante un fondo de paisaje y contemplando el crucifijo. A sus pies están los atributos más frecuentes: azucenas y campanillas. Está bien realizado en el colorido y es de la primera mitad del siglo XVIII.

En el lienzo de San Pedro Arbués, el santo está arrodillado y vestido de canónigo, mirando hacia el ángel de la Gloria, mientras dos personas le atacan por la espalda. Es una pintura de calidad y bien conservada, de la primera mitad del siglo XVIII. Tiene un marco de la época con decoración de conchas y, bajo el lienzo, hay una hornacina con una imagen de la Dolorosa, del año 1791.

El Niño Jesús de Praga, de madera policromada, representa al Niño con los brazos extendidos hacia delante. La obra está repintada, y la peana, con decoración de gallones, es también del siglo XVIII. La pila bautismal fue realizada en 1787, es de granito y en su interior hay una pila de cerámica.

Respecto al órgano, es obra de Tomás Sánchez, quien lo realizó en Zaragoza en 1781. Se trasladó a Salillas al año siguiente para montarlo y fue entonces cuando se creó el cargo de organista en la población.

Necrópolis___________________________________________________________

En las prospecciones previas a las obras de construcción de la línea TAV Madrid-Zaragoza en las cercanías de Salillas de Jalón, apareció una necrópolis hispanovisigoda de gran extensión localizada en Las Lomas del Molino. Se excavó un área de 60 por 40 metros y aparecieron 219 tumbas, muchas de ellas con varios cadáveres. En algunos casos los fallecidos eran niños, y se encontraron clavos y madera en los ataúdes. Como ajuar, se habían introducido jarritas de cerámica, hebillas de cinturón, anillos, etc.

Las cuevas__________________________________________________________

Situadas en el barrio de la Estación, son viviendas excavadas en una elevación del terreno sobre la vega. Concepción Sevilla distingue entre las que están excavadas en un plano inclinado o las horadadas en plano horizontal. Se excava un pozo verticalmente hasta un nivel y luego se hace el vaciado horizontal de las habitaciones, de manera que ese pozo o patio permite iluminar las cámaras. Este tipo, según Elisa Sánchez, recuerda a los silos-vivienda de Villacañas, en Toledo. Las cuevas de Salillas tienen luz eléctrica desde el año 1985 y algunas de ellas han sido reformadas hacia el exterior para ampliar el número de estancias. Lo más característico son las chimeneas, a veces pintadas de colores, que aportan una imagen llamativa al paisaje.

El molino del Conde___________________________________________________

El día 13 de mayo del año 1803, el duque de Híjar y conde de Aranda concedía al Ayuntamiento de Salillas la gracia de construir un molino “arinero”, con el fin de que no tuvieran la obligación de ir al que el señor tenía en la villa de Épila. El Ayuntamiento corría con los gastos de la construcción, aunque el conde se comprometía a reintegrar todo el valor de los productos del molino, es decir, con la maquila.

El edificio está compuesto por el molino propiamente dicho y una casa. El agua se desvía desde la acequia de Salillas a la parte baja del molino, en pendiente, y sale nuevamente por dos arcos rebajados. Aunque no está en uso, conserva toda la maquinaria.

 
Rutas Comarcales
Seleccione la ruta de su interés de entre las disponibles, divididas en "RUTAS POR LA NATURALEZA" y "RUTAS PATRIMONIALES". Al pulsar obtendrá una ruta en detalle para conocer mejor aquel rincón de nuestra comarca de su interés.
RUTAS POR LA NATURALEZA

 
Comarca de Valdejalón | www.comarcavaldejalon.com | Todos los derechos reservados
Prohibida la reproducción total o parcial de este sitio web sin consentimiento expreso.
Sitio web diseñado por:
ARAGONRUTAS | Optimizado para IE 5 o superior - Resolución 800x600