La orden de San Juan de Jerusalén en
La Almunia y Ricla

En 1120, una vez conquistadas las tierras de Valdejalón, la Orden de San Juan de Jerusalén recibía como premio a su participación en la reconquista un importante patrimonio, que fue creciendo con aportaciones de particulares. Su poder llegó a ser enorme y, en 1134, la Orden fue declarada por el rey Alfonso I coheredera del reino de Aragón. Cabañas de Jalón, Ricla y Alpartir formaban la tenencia militar del río Jalón, integrada en el priorato hospitalario de Aragón y, a su vez, en la Castellanía de Amposta.

La Almunia de Doña Godina

La Almunia era una huerta del pueblo de Cabañas, en la que tanto cristianos como musulmanes tenían sus fincas y casas de recreo. Uno de los principales propietarios de esa almunia era Blasco Blázquez, segundo marido de Goda de Foces. Blasco Blázquez hizo entrega de sus tierras y bienes, con la reserva del usufructo vitalicio a favor de su viuda, a la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén. En 1176 doña Godina, ya muerto Blasco Blázquez, firmaba un documento concediendo a la iglesia de Santa María y San Juan, en La Almunia, unas casas en la misma localidad y un molino en el término de Ricla, para el culto y la iluminación de la iglesia.

Poco tiempo después, La Almunia pasó a la Orden de San Juan, cuyo castellán de Amposta, Pedro López de Luna, la organizó mediante carta de población del año 1178. Había, al menos, una iglesia, sin duda románica, ubicada en el solar que ocupa la actual, y una casa-fortaleza, en el solar del palacio de San Juan, en la que vivían los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén.

Palacio de San Juan
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Es un edificio de mampostería en la planta baja, con puerta de piedra sillar en arco apuntado. También mampostería se emplearía en la planta noble y en la superior y, posiblemente, en el siglo XIX se transformó la parte alta, edificándose en tapial y ladrillo tal como puede verse en fotografías anteriores a la restauración. Ésta se realizó a finales del siglo XX por el arquitecto Roberto Benedicto, adaptándose para Casa de Cultura.

La planta baja está formada por tres grandes espacios paralelos a la fachada, que se comunican entre sí por arcos apuntados. El primer espacio o zaguán conserva un pavimento de guijarro con el dibujo de una palmera y, a la izquierda, está la escalera primitiva de caracol, con acceso a las plantas superiores. El segundo espacio, en el centro, es el principal y podía cerrase, y el tercero se abre a la fachada posterior, con dos arcos apuntados. Los tres espacios se cubren con alfarjes de madera, fruto de la restauración.

En la fachada del palacio hay colocados cuatro escudos. Sobre el arco apuntado, dos de ellos se hallan encolados: el símbolo de San Juan Evangelista (el águila) y una cruz blanca. Los otros dos responden a miembros de la Orden.

El hospital se halla adosado al palacio y se desarrolla en sentido longitudinal a la fachada. Sólo se ha conservado una nave con tres arcos diafragma apuntados, la cual debía estar cubierta por una techumbre de madera. Parece asímismo haber tenido una planta alta, y se afirma que era el hospital de la Orden de San Juan y que se edificó en el mismo momento que éste.

La iglesia actual es del siglo XVIII, tiene una sola nave con bóveda de cañón con lunetos, y la fachada es de piedra sillar y ladrillo, con puerta de arco de medio punto entre pilastras dóricas y tres grandes escudos. Actualmente se dedica a Biblioteca Municipal. El Palacio fue declarado Bien de Interés Cultural el 7 de junio de 1982.

Ayuntamiento, casonas y palacios____________________________________

El actual Ayuntamiento se debe al prócer almuniense don Miguel Ortubia, que cedió una casa suya al Concejo para que la destinara a Casa Consistorial. Se aprovecharon las dependencias de la casa y se embelleció en 1783 con una fachada de ladrillo de escasa profundidad. Esta fachada consta de dos plantas y falsa: las dos plantas se abren a la plaza mediante ocho arcos de medio punto entre pilastras de orden gigante, y la tercera o falsa tiene pequeñas ventanas. El constructor fue el maestro de obras Antonio Alonso. La restauración es obra del arquitecto Roberto Benedicto Salas.

Por otra parte, en la calle Ortubia, antigua calle Ricla, se construyeron numerosas casonas durante los siglos XVI al XVIII. Se conservan dos palacios de especial interés: el de los Colmenares y el de los Estages. Ambos muestran, además de grandes portadas, la característica galería de arquillos y bellos aleros de madera labrada.

Hay otra casa, en la esquina con la calle Cabañas y muy transformada al exterior, que conserva escudo de armas en piedra negra, además del patio y la escalera. Además, la que ocupa el número 20 tiene puerta con arco rebajado entre ventanales, grandes balcones y escudo de armas, y parece edificada en el siglo XVIII.

En la plaza de los Obispos, de gran interés arquitectónico, se conservan asimismo varios edificios antiguos. En el número 3 hay una casa de ladrillo con arcos de medio punto, grandes balcones y galería de arquillos doblados con escudo de armas (siglo XVI); y la del número 4 ha sido rehecha siguiendo el modelo original. Las casas de los números 16 y 18 son de ladrillo y de estilo aragonés, del siglo XVII; y la del 18, pese a estar más transformada, conserva el escudo de armas.

La calle principal de la ciudad está dedicada a Martín de Garay, y tiene dos edificios de interés: la “Casa natal de Florián Rey”, en el número 1, muestra una larga galería de arquillos; y la del 26, aunque reedificada en 1881, conserva los medallones de la parte alta, del siglo XVI. Además, en la esquina con la calle Monreal Muñoz hay una casa rehabilitada con galería de arquillos, del siglo XVII.

Del palacio de los condes de Torreflorida, en el Arrabal, se conserva una portada de piedra arenisca consistente en un arco de medio punto con escudo de armas y remate en frontón recto. Ya del siglo XX son dos edificios dignos de consideración: el Grupo Escolar, con dos torres de planta cuadrada en los extremos, arquillos doblados y alero de madera, realizado según proyecto de Joaquín Marco e inaugurado en 1930; y el Matadero Municipal, situado cerca del palacio de San Juan, que consta de un torreón de ladrillo en la parte alta y una especie de lonja en la fachada. Este último edificio se inauguró en 1962.

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción____________________

Como se ha dicho, hubo una iglesia románica mandada edificar por doña Godina, que sería similar a la primitiva de Cabañas. En el siglo XIV se amplió, añadiéndole una nave a cada lado y levantando la torre mudéjar. Una nueva ampliación tuvo lugar en el siglo XVI, consistente en elevar el cuerpo octogonal de dicho elemento.

Cuando se derribó la iglesia en el siglo XVIII para edificar la actual, sólo se conservó la torre, una de las más bellas de Aragón. Supera los 40 metros y tiene dos cuerpos que corresponden a dos etapas bien diferenciadas: el de planta cuadrada es del siglo XIV y el de planta octogonal, del XVI. El cuerpo mudéjar tiene un machón central en torno al cual se desarrollan las escaleras, y los muros se decoran con rombos y arcos entrelazados. La torre fue declarada Bien de Interés Cultural el 19 de septiembre de 2001 y Patrimonio de la Humanidad junto al resto del mudéjar aragonés.

La iglesia nueva es un edifico de enormes proporciones, construido en ladrillo sobre basamento de piedra de Calatorao. La fachada tiene dos cuerpos: el inferior, de la anchura total de la iglesia, con tres puertas; y el superior, que se reduce al ancho de la nave central y se corona con frontón triangular.

Consta de tres naves separadas por pilares. La central se cubre con bóveda de cañón con lunetos, y las laterales, con casquetes esféricos. La decoración es verdaderamente sorprendente: a las pilastras estriadas con bellos capiteles compuestos y molduras clásicas se une la ornamentación figurada de personajes, escenas y alegorías en las bóvedas, pechinas y parte superior de los retablos.

El retablo mayor está dedicado a la Asunción de María y procede de la iglesia antigua. La mazonería es de madera dorada y policromada, y los lienzos (diez grandes y catorce pequeños) fueron pintados por Jusepe Martínez entre 1647 y 1650. En el banco hallamos dos puertas simuladas con lienzos de San Pedro y San Pablo, y en los podios del banco, de izquierda a derecha, están representados San Joaquín, San Francisco de Asís, Santo Tomás, Santa María Magdalena, San Jorge, San Sebastián, San Martín, Santa Bárbara, Santa Apolonia, Santa Águeda, San Antonio de Padua y San Pedro Alcántara. En la calle lateral izquierda encontramos a San Blas y San Miguel, y en la lateral derecha, a San José y San Lorenzo. La central la ocupa el lienzo de la Asunción de la Virgen saliendo del sepulcro. En el remate, lienzos de San Juan Bautista, Santa Pantaria y Santa Lucía; y, sobre las columnas y en los frontones del remate, Santa Bárbara, Santa Cecilia, la Fortaleza y la Prudencia. En definitiva, se trata de un retablo de gran calidad.

Por otra parte, a ambos lados del altar mayor se hallan dispuestos dos retablos del siglo XVII: el del Santo Cristo, en el lado del evangelio, de buena realización y perfecto modelado; y el de San Sebastián, en el de la epístola. Por su parte, en las capillas laterales se construyeron seis retablos de yeso pintado simulando mármoles y jaspes. Los relieves son de escayola pintada y están dedicados a San Pedro, San Miguel, San Joaquín, la Virgen del Rosario, San Luis de Anjou y la Sagrada Familia.

Además, en dependencias de la iglesia se exhibe una rica colección de arte religioso: piezas de orfebrería de los siglos XVI al XVIII, pinturas de escuela aragonesa los siglos XVII y XVIII, libros corales procedentes del convento de San Lorenzo e iluminados por los frailes, etc. Merecen ser destacadas algunas obras: una cruz de madera pintada, del siglo XIII; el busto relicario de Santa Pantaria, obra magnífica de escultura renacentista en plata con detalles dorados; el retablo de Santa Pantaria y Santa Bárbara, de 1576; y el retablo del camarín de la Virgen de Cabañas.

Iglesia de San Lorenzo
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San Lorenzo fue la iglesia del convento de frailes franciscanos fundado en 1605, hasta que en la desamortización de Mendizábal pasó a manos privadas. El templo consta de una nave con capillas entre los contrafuertes, crucero y cabecera recta. Detrás de ella estaba la capilla del Sagrario, cubierta con cúpula de yeserías de tradición mudéjar y fechada en 1667. Las pechinas del crucero están decoradas con emblemas de la Orden de San Francisco.

Las huertas
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Las huertas de la Almunia son un buen exponente de la arquitectura popular. Se hallan diseminadas por toda la vega, entre el camino de Alfamén y la carretera de Zaragoza, por la carretera de Ricla y Calatorao e, incluso, hacia Alpartir y el río Grío.

Un estudio completísimo es el realizado en 1997 por José Manuel Martínez para La Replazeta, con abundante aportación de datos y bellos dibujos de todas las conservadas en peor o mejor estado. De las 35 huertas que recoge, acaso merezcan especial atención dos: cerca de la población se encuentra la huerta Garay, edificada a principios del siglo XIX por Martín de Garay, el que fuera ministro de Fernando VII, cuya fachada recuerda a un templo griego; y en el camino de la ermita de Cabañas está la huerta llamada de los Balcones, construida a semejanza de la fachada del Ayuntamiento en 1786.

La judería___________________________________________________________

Si bien todo el casco histórico de La Almunia conserva su trazado medieval, merece destacarse el barrio de la Judería, que estuvo cercado por un muro cuyos límites estaban entre las actuales calles del Rosario, San Juan, Adobares, Cantarranas y Barrio Verde. Se han conservado los nombre de las calles originales: Barrio Curto, Terrero y Aceña.

Ermita de Nuestra Señora de Cabañas_________________________________

La ermita de Cabañas es el único vestigio en pie de una población que tuvo gran importancia durante la Edad Media y que la fue perdiendo en favor de La Almunia de Doña Godina, hasta desaparecer definitivamente en el siglo XV. Se construyó a mediados del siglo XII en mampostería y piedra sillar, y tenía cabecera cubierta con cañón apuntado y nave que seguramente se cubría con techumbre de madera a dos aguas.

A finales del siglo XII o primeros años del XIII se edificó una nave en el lado sur, tal vez aprovechando un pórtico cubierto con madera. Esta nave se cubrió con bóveda de cañón apuntado, en ladrillo, y se unió a la nave principal mediante arcadas rebajadas, también del mismo material. En el siglo XVII se añadieron varios elementos que desfiguraron el aspecto primitivo de la iglesia: una portada de ladrillo con tejado y friso del mismo material, de tradición mudéjar; dos hornacinas a los lados; la casa del ermitaño; y algunas otras edificaciones. Hacia 1960 se hizo una desafortunada restauración que consistió en eliminar la primitiva portada del lado sur, junto con todas las edificaciones, y abrir otra puerta al oeste. Dentro del edificio se ha conservado un importante conjunto de pinturas murales, un coro de madera de estilo mudéjar y una pila bautismal románica.

En la parte superior de las pinturas del ábside se representa al Pantocrator rodeado de los evangelistas y, debajo, a la Virgen sentada, en actitud suplicante, junto a los apóstoles. Son pinturas del siglo XIII. En la cabecera de la capilla de San Nicolás se plasmaron varias escenas de la vida de este santo, obispo de Mira pero enterrado finalmente en Bari, de cuyo sepulcro manaba un bálsamo que se recogía en ampollas y se vendía como el maná de San Nicolás. En las pinturas se cuenta la vida y milagros del personaje.

Por su parte, en el muro del sur se representa a Santa Catalina recriminando al emperador su conducta, la disputa con los sabios, y la pasión y muerte de la santa con un tajo en el cuello. Su cuerpo fue trasladado por los ángeles al monte Sinaí; y otras escenas sobre los arcos se dedican a la Pasión de Cristo. Todas ellas están impregnadas de ingenuidad, a veces rayando la tosquedad ejecutiva, pero con un enorme interés narrativo.

En el resto de la nave se pintaron figuras y escenas de carácter funerario: dos bellas figuras de caballeros con sus escudos, interpretados como guerreros muertos en plena juventud; y la representación de un funeral. Las pinturas más conocidas son las de los sepulcros de los pies de la nave. En el arcosolio de la izquierda se representa la figura de doña Horia Pérez, que fue mujer de don Martín Pérez de Oariz. En el arcosolio de la derecha aparece la figura de doña Guillelma Pérez, que fue mujer de don Miguel de Albero. Son pinturas de una gran calidad y belleza.

Las pinturas de la nave de San Nicolás pueden fecharse en el primer cuarto del siglo XV, lo mismo que el coro que hay encima de los arcosolios. Éste último, bellísimo, de estilo mudéjar, se halla sobre un alfarje con pinturas de caballeros y escudos. El pretil contiene decoración calada inspirada en el lazo mudéjar. También se conserva una pila de piedra, sin duda románica, con unas cabezas incrustadas en el soporte que parece podrían pertenecer a la cultura celta.

La ermita de Cabañas es Monumento Nacional desde el 27 de octubre de 1978 y fue declarada Bien de Interés Cultural el 11 de marzo de 2002. Se trata de un monumento de muchísimo interés, tanto por el edificio como por las pinturas murales, y debería establecerse un horario de visitas guiadas.

Ricla

A Ricla se accede, desde La Almunia, por una carretera que discurre entre huertas y campos de árboles frutales. Conocidas son las huertas La Leja y La Riera, en las que se conservan, respectivamente, un ciprés y un álamo centenarios. Se pasa junto a la estación, con las Bodegas Bilbaínas, de las que sólo quedan los almacenes y la chimenea. El tren llegó a Ricla en 1863, con gran regocijo de sus habitantes ya que habían conseguido tener estación frente a los de La Almunia.

Poco más adelante se encuentra la plaza de toros y un parque muy cuidado junto al Jalón, con una escultura de Goya en metal, del escultor Iñaki, asomándose al puente del río. Este puente fue construido entre 1888 y 1890, sustituyendo a otro anterior de tablas, y consta de dos arcos de 15 metros de luz. La piedra se trajo de las canteras de Calatorao. Pronto se llega al casco histórico y a la plaza del Ayuntamiento, que sigue siendo el centro de la villa, con la iglesia y su torre, la Casa del Concejo y algunos otros edificios muy transformados. Lo más interesante es el edificio de la Casa Consistorial, remodelado en 1986 y recuperándose la fachada original, con un pórtico de piedra en el piso inferior. El resto es de ladrillo, con amplios vanos en la planta noble y galería de arquillos doblados en la superior. El alero es obra de la restauración.

Por su parte, la primitiva puerta de la iglesia queda oculta, desde el siglo XVII, tras una casa de la Cofradía de la Virgen de Media Villa, pero sigue airosa la bellísima torre, asomándose a la plaza.

El castillo
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Después de haber pertenecido a varios “tenentes”, a la Orden del Temple y a los Hospitalarios, lo recuperó Pedro IV, pero Martín I lo vendió a Fernán López de Luna, hijo natural del conde Lope de Luna, quien engrandeció el linaje con Villafeliche y Muel por su boda con Emilia Ruiz de Azagra. En 1528 la casa de Ricla fue declarada una de las ocho grandes casas nobiliarias de Aragón, pero cambió de apellido por la boda de Francisca de Luna con Diego de los Cobos, que fueron nombrados marqueses de Camarasa en 1543. Felipe II concedió a un hijo de ellos, don Francisco de los Cobos y Luna, el título de conde de Ricla, que duró hasta la extinción de los señoríos en las Cortes de Cádiz.

El castillo es una fortaleza probablemente de origen musulmán, de la que quedan restos de un muro de sillarejo y dos espacios subterráneos excavados en la roca. Un túnel, tapiado en la actualidad, conducía hasta el río.

Sobre esa fortaleza se construyó, ya en el siglo XV o XVI, el actual castillo-palacio, que tiene dos bloques: uno hacia la calle de la Cruz y otro hacia la plaza Mayor, con la base de un torreón en un ángulo. La parte más llamativa es la que da a la calle de la Cruz, con muros de tapial sin enlucir sobre restos de mampostería. En este muro se abren dos balcones y algunas ventanas, ya que lo que fuera castillo roquero se convirtió en palacio. Esos dos balcones corresponden a un salón, cubierto con alfarje muy sencillo del gótico tardío.

Por encima de la Casa Consistorial y detrás de la misma está la fachada principal, muy transformada ya que incluso el arco de entrada, de ladrillo, se halla cegado. Sí se conserva la piedra armera con la luna jaquelada de los Luna de Ricla. Encima se colocó un azulejo de Muel con las armas de los mismos, en que se lee: “Ave María Purísima sin pecado concebida. 1772”.

Arco de San Sebastián y calle de la Cruz
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Desde la fachada del castillo-palacio, y antes de visitar la iglesia, conviene tomar la calle de la Hombría para llegar al arco de San Sebastián. Se dice que tras la reconquista en 1120, la villa quedó dividida en dos partes separadas por un muro. Los moros habrían ocupado la parte alta, y los cristianos, la baja. De ese muro separador se habrían conservado hasta principios del siglo XX dos arcos: el de San Sebastián, y otro que estaba situado entre la plaza de la Carnicería y la plaza de la Arena. El arco que se mantiene es de ladrillo y apuntado, con una capillita a la calle de la Hombría, y ha sido restaurado recientemente.

La calle de la Cruz es sin duda la más interesante de la villa. Se dice que la cruz de hierro, de principios del siglo XX y sustituta de otra de piedra, es el símbolo de los cristianos que vivían en la zona baja, mientras que los musulmanes ocupaban la parte alta. En esta calle se han conservado varias casonas que merecen destacarse, como la que ocupa el número 9, un edificio con bella puerta de piedra adintelada, tal vez remodelada en el siglo XVIII. Por su parte, la casa del número 19 es de gusto neoclásico, del siglo XIX. También tienen interés las que van numeradas con el 35 y el 37, y otra que ocupa los números 45 y 47, con escudo y bello balcón con reja del siglo XIX. Además, en el chaflán con la calle Freisleva está el comercio de los Vera, con fachada decorada con yeserías de principios del siglo XX. Siguiendo por esa última calle, con bellas portadas de piedra negra en la acera de los pares, se llega a un interesante edificio del siglo XIX situado junto a la iglesia, que fue Escuela, Ayuntamiento durante un tiempo y, ahora, Casa de Cultura.

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción_________________

La iglesia parroquial de la Asunción es un edificio de ladrillo que obedece a tres etapas constructivas. En la primera, a principios del siglo XV, se levantó el ábside y el primer tramo del templo. Ya entrado el siglo XVI se edificó un segundo tramo de grandes proporciones, con dos capillas en cada lado, y se construyó la torre. Por último, la tercera etapa constructiva corresponde ya al siglo XVIII, momento en el que se edificó la capilla de la Magdalena (hacia 1720), y se decoró el interior. En 1773 se cambió la orientación del templo, colocando en el primitivo ábside una portada neoclásica de piedra.

La torre, de gran altura, tiene dos cuerpos: uno inferior de planta cuadrada y otro superior octogonal. El de abajo, del siglo XVI, se decora con franjas de esquinillas y cruces de múltiples brazos, formando rombos. El cuerpo octogonal se realizó en 1584, a expensas de la marquesa de Camarasa, doña Inés Mendoza.

Ya en el interior, el retablo mayor fue construido entre 1688 y 1692 por el escultor de La Almunia Francisco de Astra, y reformado en 1734. La figura de Santa María Magdalena, del ático, y las de San Pedro y San Pablo, de los laterales, pertenecen al retablo inicial de dicho artista. Por su parte, la talla de madera policromada de la Virgen y las esculturas en madera policromada de San Francisco de Asís, San Juan Bautista, San Isidro y San Bartolomé, son de la reforma y parecen realizadas en el taller zaragozano de Manuel Ramírez.

Los retablos situados a ambos lados del retablo mayor tienen mazonería del siglo XVIII e imágenes industriales del Sagrado Corazón y de la Inmaculada. El retablo de la Virgen del Rosario es del siglo XVI, recompuesto en el XVIII, y conserva la talla original de dicha Virgen, atribuida a un artista del círculo de Forment, así como los relieves en madera del banco.

Por otra parte, la Virgen de Media Villa es una talla estofada y policromada de finales del siglo XV, reformada posteriormente. Se trata de una bella imagen de la Virgen sedente con el Niño en la rodilla y se encuentra en el muro de la nave, entre la primera y la segunda capilla del lado de la epístola.

A la capilla de Santa María Magdalena se accede a través de un espacio en el que se hallan colocadas cuatro esculturas de madera policromada y dos relieves de la Magdalena penitente, vestida y desnuda. La capilla se cubre con cúpula con linterna, con decoración de yeserías con rocallas, guirnaldas, ángeles, etc., y con los evangelistas en las pechinas. A los lados, bajo la cúpula, las imágenes en relieve de San Teopompo y San Sinesio, los patronos de Ricla.

En el retablo abunda la decoración de rocalla, guirnaldas y jarrones. En el cuerpo puede admirarse un gran relieve policromado de la Magdalena penitente ante la cueva, con libro, cruz, copón, etc., sobre el que aparece el Dios Padre entre nubes. Es obra de Pedro Onofre y Pedro Coll, y fue colocado en 1730.

En los laterales se hallan colgados cuatro grandes lienzos atribuidos a Luzán:

La Magdalena ante el sepulcro de Cristo, con los ángeles; la Santa penitente; María Magdalena lavando los pies de Cristo; y la Subida de la Santa al cielo con el Noli me tangere como fondo.

En el retablo de San Ramón Nonato hay un lienzo del este santo, muy deteriorado, en postura arrodillada y vestido de cardenal, mientras es coronado de flores por Cristo y la Virgen. Es obra de buena ejecución de principios del siglo XVII. Otros retablos de menor interés son los de San Miguel, Santa Ana, la Virgen y el Niño, y el del Santo Cristo, todos ellos del siglo XVIII. Debe mencionarse además el órgano, de la segunda mitad del siglo XVIII y con cuidada decoración rococó. La iglesia fue declarada Monumento Nacional el 3 de junio de 1931, y Bien de Interés Cultural el 30 de noviembre de 2001.

Plaza del Conde de Castellano_________________________________________

Descendiendo por la calle mayor se llega a la plaza de Castellano, en la que se halla el palacio del mismo nombre. Es un edificio con fachada encalada y portada muy sencilla en un lateral, con escudo de armas. En la parte posterior se conserva la huerta. Adjunto al palacio está el Convento de las Siervas de María, fundado por la Muy Ilustrísima Señora Condesa de Guerrero, doña Clara Castellano, en 1895, según proyecto de Ramón Gironza. De muy original puede tacharse la entrada al convento y la capilla.

Frente al palacio se encuentra la glorieta del Gitanillo de Ricla, que toma por nombre el apodo de Braulio Lausín, histórico torero nacido en el municipio, en cuyo homenaje se levanta la escultura realizada por el zaragozano Francisco Rallo, de 1976. Se trata de un busto en piedra negra, que representa al personaje vestido de luces y con montera.

Frente al convento de las Siervas de María, en el número 17 de la calle San Vicente de Paúl, se conserva un caserón con puerta de arco de medio punto y escudo de armas. Es el antiguo edificio, hoy habitado, de los marqueses de Camarasa.

Las “lumbrarias”_____________________________________________________

Las numerosas bodegas de Ricla se sitúan en torno al Barranco Santo. Por encima de las laderas en las que se hallan, asoman las “lumbrarias”: chimeneas de respiración vertical. Tienen materiales y formas muy diversas y llamativas, y se consideran monumentos importantes de la arquitectura popular, comparables a esculturas al aire libre. Su aportación a la belleza del paisaje es indiscutible.

Cueva de la nevería__________________________________________________

Está situada en una era de la cara norte de la loma sobre la que se asienta el casco urbano. Concretamente en la calle Barranco Santo. Es un pozo circular excavado en la tierra, con paredes de mampostería, que se cubre con cúpula falsa por aproximación de hiladas.

Peirones o “pilones”__________________________________________________

El “pilón” de Santa María Magdalena, erigido en 1674 y remodelado en 1997, se sitúa junto a la acequia de Grío y delimita los términos de Ricla y La Almunia. La Asociación Ricla y sus Raíces ha recuperado la romería hasta él, la cual se realiza el primer domingo de octubre y está acompañada de misa, comida, deportes y charangas.

El peirón de San Pedro, del siglo XVIII, está en el camino que lleva el mismo nombre, junto al solar de la ermita desaparecida. Además es muy interesante el peirón de los “Santicos” San Sinesio y San Teopompo, patronos de Ricla. Data del siglo XVIII y se encuentra en la carretera de Magallón. Es robusto y está construido en ladrillo con hornacina de medio punto, hoy transformada.

Yacimientos paleontológicos__________________________________________

De gran interés y atención por parte de la comunidad científica son los yacimientos paleontológicos de Ricla, los cuales, gracias a las Jornadas Aragonesas de Paleontología, han adquirido el prestigio que merecen. Destacable es el Barranco de las Conchas, en el que han aparecido ejemplares muy importantes, como la cabeza de un cocodrilo marino conocido como “el cocodrilo de Ricla”.

 
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