| Subir a La Muela, desde Zaragoza,
significa atravesar el gran polígono industrial Centrovía
y, tras superar un acusado desnivel, alcanzar la meseta
sobre la que se asienta la población y el extenso
término municipal, a poco más de 600 metros
de altitud. El paisaje de la llanura es sorprendente: alternan
antiguos campos de almendros y olivos con enormes gigantes
blancos que mueven sus aspas al compás del viento.
Numerosos edificios modernos van rodeando a la antigua población
y, sobre todo el conjunto, apenas se divisa ya la torre
de la iglesia de San Clemente.
La Muela fue fundada en el siglo XIII a instancias del Concejo
de Zaragoza. Según una Carta de Población
de 5 de febrero de 1259, reinando Jaime I el Conquistador,
se concedía a Esteban Gil Tarín y a otros
la Mola de Garrapinillos, con el fin de que hubiera una
población estable y así poder luchar contra
el bandolerismo que invadía las tierras desiertas
existentes entre Zaragoza y La Almunia. Otro miembro de
esta familia infanzona fue Juan Gil Tarín, señor
de Mozota y Justicia de Aragón en 1284.
Urbanismo___________________________________________________________
El casco antiguo de La Muela está concebido como
una red de calles paralelas y perpendiculares, dispuestas
oblicuamente para defenderse del cierzo. Éstas, a
su vez, están rodeadas por otra que, en forma de
coso, va delimitando el espacio de la localidad: la calle
del Gil Tarín, la cual parte de la plaza del Corazón
de Jesús para rodear al pueblo por el nordeste y
enlazar con la avenida de San Antonio, que conduce hasta
la ermita.
La calle Mayor, antiguamente camino y, después, carretera,
cruza la población en dirección oeste; en
ella se encuentra la iglesia parroquial de San Clemente,
el Ayuntamiento y algunas casas de interés, en una
de las cuales se ha instalado la Escuela de Música.
Paralela a la Mayor es la de San Clemente, en la que se
sitúa el Museo del Aceite y el palacio de los Torres.
Perpendiculares a éstas, parten las calles de la
Iglesia, la Balsa y la Nevería, nombres afortunadamente
conservados que nos hablan de un pasado no tan lejano.
Hay otra calle dedicada al escultor Dionisio Lasuén,
nacido en esta población. El padre del mismo, José
Lasuén, ejercía el oficio de cantero, y es
que al parecer ya en época romana se explotaban las
canteras de piedra caliza de la Peña del Águila,
un material que ha servido para la construcción de
las viviendas de La Muela hasta hace poco tiempo.
Con el viento a favor_________________________________________________
En la citada plaza del Corazón de Jesús se
colocó hace algún tiempo un mural de cerámica
que representa las casas del pueblo, con la torre mudéjar
y varios aerogeneradores. En la parte inferior se lee: “La
Muela. Con el viento a favor”.
Ese viento ha permitido la instalación de numerosos
parques eólicos que ocupan casi todo el término
municipal. El primero data de 1986, el segundo es de 1994
y se instaló en la partida de El Pozo, propiedad
del Ayuntamiento. Hoy son ya una docena los parques eólicos
levantados sobre la mesa de La Muela.
El Museo del Viento, que compone la Red de Museos Municipales
del Ayuntamiento de la localidad, sorprende por su edificio
de líneas aerodinámicas, con un contenedor
en forma de avión y un conjunto de ruedas giratorias
de diversos colores. “El edificio se orienta como
una vela desplegada en el sentido dominante del viento”,
se lee en el folleto explicativo de este original museo.
Las diferentes salas ofrecen aspectos diversos relacionados
con el viento. Así, en la sala primera, “El
soplo de la vida”, el visitante entenderá que
ésta, representada como un globo terráqueo,
está sustentada por el viento, ese viento que se
puede oír, ver y oler.
Otra sala constata cómo el viento ha sido y es un
importante motor de la creación artística;
en una tercera se presentan los inventos originados por
el aire, el aire que todo lo mueve, el aire fuente de energía;
y en otra se ha instalado la maqueta interactiva de un aerogenerador.
Por último, en el exterior puede admirarse uno de
los primeros aerogeneradores instalados en La Muela.
El Museo del Aceite y el palacio de los Torres___________________________
El Museo del Aceite responde a una iniciativa municipal
y al trabajo de su actual director. Se ha instalado en el
solar de un antiguo molino que perteneció a la Sociedad
Olearia de La Muela, del cual sólo quedan las piletas.
En la planta calle pueden verse dos molinos completos, uno
del siglo XIX, de tracción animal, y otro eléctrico
de principios del siglo XX. Descendiendo al sótano,
se puede admirar un gran mural con una alegoría de
la historia del aceite. Ya abajo, un museo etnológico
nos informa acerca de la vida cotidiana en La Muela. Tiene
gran interés todo el conjunto y se facilitan visitas
guiadas.
Respecto al palacio de los Torres, es un edificio de finales
del siglo XV del que sólo queda la fachada, construida
con sillarejos de diferentes tamaños. Tiene tres
plantas: En la baja se sitúa la puerta, con arco
de medio punto con el escudo de armas de los Torres.
La planta noble está separada por una imposta de
piedra que recorre toda la fachada. Resaltan bellas ventanas
de arco conopial; la del centro muestra decoración
de rosetas y sobre ella se hallan nuevamente las armas,
en este caso rodeadas de una corona de laurel; el escudo,
partido en dos cuarteles, sólo ha conservado el castillo
con las tres torres; y la figura del cuartel de la izquierda
está raspada. La tercera planta muestra una galería
de arquillos, con ventanas en arco rebajado, decorado con
bolitas. La fachada ha sido restaurada recientemente y,
tras ella, se ha construido la nueva casa consistorial.
Edificios religiosos___________________________________________________
La iglesia parroquial, dedicada a San Clemente, es un edificio
de mampostería, con sillares de piedra caliza en
los arcos y en los contrafuertes. Tiene una sola nave, capillas
laterales y ábside poligonal. En la parte alta de
la nave se halla una galería de arquillos de ladrillo,
en la actualidad cegados. Se cubre con bóvedas de
crucería estrellada, lo mismo la nave que las capillas.
El coro alto se levantó sobre arco carpanel y bóveda
de crucería. En la imposta que recorre la nave a
la altura del arranque de los nervios hay una inscripción
religiosa y en una de las ventanas del coro, la fecha de
construcción: 1578, aunque parece que en realidad
se acabó en 1573, según documentó Miguel
Plou.
La primitiva portada estuvo en el lateral de la epístola,
junto al coro. La actual se abrió a los pies en el
siglo XIX, con piedra de Calatorao. La torre es de ladrillo
y tiene planta cuadrada con tres cuerpos: el inferior está
decorado con fajas de esquinillas y no presenta vanos, y
los dos superiores tienen arcos de medio punto. Todos ellos
fueron restaurados en 1956 y decorados con bandas de azulejos.
El retablo mayor, dedicado a San Clemente, se encargó
nada más acabada la iglesia al escultor Pedro Martínez
de Calatayud, quien lo acabó en 1591, con la colaboración
en la policromía de Antonio Galcerán. Es un
retablo muy completo, con sotabanco, banco, cuerpo, ático
y guardapolvo. En el banco hay cuatro imágenes en
madera policromada de San Sebastián, San Fabián,
Santa Quiteria y Santa Engracia, con relieves de la Anunciación
y la Adoración a los lados y un bello sagrario en
el centro. Las columnas de fuste estriado del cuerpo conforman
una hornacina con una magnífica talla de San Clemente.
En las calles laterales, imágenes de San Lorenzo,
San Vicente, Santo Domingo de Guzmán y San Francisco
de Asís. En el ático, el Calvario. Es, en
definitiva, un interesante retablo, con decoración
renacentista de buena ejecución.
Otros retablos de la iglesia son el de la Virgen del Rosario,
con una bella escultura de la Virgen, del siglo XVII; el
del Calvario, con la figura del Crucificado de madera policromada,
de finales del siglo XVI y de buena factura; el de San Juan
Bautista, con una escultura teatral del titular, del taller
de los Ramírez; el de la Virgen del Pilar, con una
imagen de la titular y una talla procesional con Santa Ana,
la Virgen y el Niño, obra de la segunda mitad del
siglo XVI; y el retablo de San Antonio Abad, que tiene pinturas
del siglo XVI y esculturas del XVII y XVIII.
El otro templo de La Muela es la ermita de San Antonio Abad.
Desde la población, en el camino se conservan varios
peirones originales, con las Estaciones del Vía Crucis
realizadas en cerámica de Manises y de Muel. A este
respecto, los derribos de algunas casas para la construcción
de pisos nuevos podrían ocasionar la destrucción
de alguna de las Estaciones, algo que no debería
ocurrir ya que lo interesante es mantener todo el conjunto.
En el entorno de la ermita hay varias bodegas muy bien conservadas,
a las que se une una antigua balsa convertida en parque.
El templo religioso es un edificio de mampostería,
de planta rectangular, que fue edificado con las limosnas
de todo el pueblo en 1701 y bendecido el 12 de junio del
mismo año. Forma conjunto con la casa del ermitaño,
bien conservada, en su lado izquierdo. El retablo del siglo
XVIII tiene tres calles y la imagen del titular en madera;
fue costeado por Jaime Mezquita. Hay seis lienzos a los
lados de la nave en los que se representan los milagros
de San Antonio.
Barrio de los Imposibles y otros encantos______________________________
El barrio de los Imposibles es un conjunto de casas-cueva
situado cerca de la ermita de San Antonio, entre las calles
Lepanto y Las Américas. Las viviendas constan de
un patio con pozo, casa, corral y cuadras, y lo más
llamativo son sin duda las chimeneas del hogar. Frente a
las casas hallamos los neveros, en mal estado de conservación.
Conviene, por otra parte, visitar el Parque de la Jupe,
antigua balsa del siglo XIV de la que se tomaba el agua
para la población y sus ganados. Cerca de dicha balsa
está la nueva plaza de toros y el pabellón
polideportivo. Además, junto a la población,
en la antigua carretera Zaragoza-Madrid, se conserva un
curioso peirón con cuatro advocaciones: San Roque,
Santa Quiteria, Santa Bárbara y la Virgen del Pilar.
Se levantó en el siglo XVIII, aunque fue reformado
recientemente.
Por último, al otro lado de la autovía, en
el paraje de Cerdena, quedan los pozos, excavados al parecer
a partir del siglo XVIII. Se han restaurado varios de ellos
y se ha creado en su entorno el llamado Parque de los Pozos,
con olivos, cipreses y plantas aromáticas. Se sale
de La Muela entre las aspas de los aerogeneradores, con
el viento a favor, dejando atrás dicho parque, el
Museo del Viento, el toro de Osborne y la imagen de la torre
mudéjar sobre el caserío.
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